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En defensa de la energía nuclear

Aleida Rueda
2/mar/2012

“Voy a ser provocativo: la energía nuclear debe expandirse dramáticamente en los próximos años”, dijo Chris Llewellyn Smith, director de investigación en energía de la Universidad de Oxford, en su charla “The energy challenge” del 28 de febrero en el IFUNAM.

La fisión nuclear “es peligrosa, por supuesto, y tenemos que ser muy muy cuidadosos con ella” pero también ha sido objeto de percepciones erróneas en términos de seguridad, advirtió el también presidente del consejo SESAME (Sincrotrón para Ciencias Experimentales y Aplicadas en Oriente Medio).

Para ejemplificarlo, Llewellyn hizo un recuento de las pérdidas provocadas por los tres accidentes en reactores nucleares más importantes de la historia: el de la isla Three Mile (Estados Unidos) en 1979: ni una sola muerte; el ocurrido en Chernóbyl (Ucrania) en 1986: 50 muertes atribuidas (incluidos los casos de cáncer tiroideo por las precipitaciones de yodo radioactivo); y más recientemente, el de Fukushima (Japón): ninguna muerte directa registrada.

Sus números difieren, sin embargo, de las miles de muertes de cáncer por radiación que aparecen en otros reportes y que prevén más en los próximos años, como el informe del 2006 de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer que vaticina 16,000 muertes por esta enfermedad hasta 2065 a causa del accidente en Chernóbyl.

La contradicción numérica, de acuerdo con el científico inglés, se debe a que la mayoría de esos reportes están basados en cálculos de dosis colectivas a través de los cuales se multiplica una probabilidad muy pequeña de riesgo por una gran cantidad de gente.

“Tengo 10 litros de sangre, si me quitan 5 litros, muero”, dijo Llewellyn. “El cálculo basado en la dosis colectiva diría que si me quitan medio litro de sangre, tendría un 10% de posibilidad de morir, lo que es falso” o que “si hubieran 100 personas en este auditorio y todas hicieran una transfusión de sangre de medio litro entonces 10 personas morirían. Es obviamente falso”. La pérdida de 5 litros puede ser fatal para una persona pero para 100 no representaría más que una inofensiva donación.

El que sea falso para la sangre no quiere decir que lo sea necesariamente para la radiación, dijo Llewellyn, sin embargo, son cálculos generalizados que utilizan muchos organismos internacionales y que deben tomarse con precaución.

Por otro lado, las altas cifras de mortalidad están calculadas con base en el modelo lineal sin umbral (conocido por las siglas en inglés LNT) que establece, como lo indica su nombre, una relación lineal entre la radiación y el daño, e indica que aun la dosis más pequeña puede producir un riesgo de cáncer.

Siguiendo los argumentos de su colega Wade Allison, también de la Universidad de Oxford, Llewellyn criticó el uso del LNT para analizar el impacto de la radiación ionizante en dosis bajas, es decir, menos de 100 mSv (milisieverts).

Para ambos investigadores, la relación dosis/daño no es lineal sino curva. El someternos a dosis bajas de radiación no produce necesariamente un daño, dicen. Y si hay gente que piensa lo contrario es porque no toman en cuenta los procesos de sanación propios del cuerpo humano. “Tienen mucha fe en las matemáticas y muy poca en la biología”, dice Allison.

Un ejemplo de ello es la radiación nuclear en la radioterapia, la cual, según Allison, tiene una alta aceptación pública y su éxito depende justamente de respuestas no lineales determinadas por el mecanismo de reparación.

Además el LNT mide el riesgo sin un umbral de daño cuando en realidad, de acuerdo con los científicos, sí hay un umbral en el rango de 100-200 mSv, que es una orden de magnitud por debajo de la fatalidad (5000 mSv), muy similar a cualquier otro riesgo.

¿Ejemplos? Llewellyn los tiene: en la última década, han muerto 4,750, 100 y 33 personas en promedio por año en minas de carbón de China, India y Estados Unidos, respectivamente; 1 millón de personas muere por accidentes de tráfico cada año en el mundo.

Basándose en un estudio del PSI (Population Services International), Llewellyn compara la nuclear con otras fuentes de energía en términos de promedio de muertes directas por producción: LPG (gas licuado del petróleo)= 8; hidroeléctrica = 2.6; carbón =1; gas = 0.25; y nuclear = 0.025. “La radiación es mil veces menos peligrosa de lo que sugieren las normas de seguridad vigentes”, dice Allison.

Y si es así, ¿por qué la gente está tan preocupada por ella? El científico lo explica en su libro Radiación y Razón: el impacto de la ciencia en la cultura del miedo: “es el resultado de la política de la Guerra Fría aunada a una preocupación por la radiación que fue apropiada en su momento, cuando el conocimiento científico era limitado”.

Hoy ya no excusa para que sigamos con este “fatalismo paralizante”, dijo Llewellyn en el IFUNAM. “El momento de actuar es hoy”, concluyó.

Foto: Pedro Zaldívar Sánchez

Enlaces Relacionados

Libro de Wade Allison:

http://www.radiationandreason.com/