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Hay que “vender” la superconductividad

Aleida Rueda
3/may/2016

Trabajar por una comunidad más fuerte y más visible de especialistas en temas de superconductividad fue la propuesta que cerró el viernes 8 de abril la celebración de los 105 años de la superconductividad, llevada a cabo en el Instituto de Física con la presencia de destacados especialistas en este tema.

Coincidieron en que esta comunidad debe comunicar y convencer a la sociedad de los beneficios tecnológicos de la superconductividad pero también de la importancia de tener ciencia básica en el área y un número mayor de expertos.

Organizada por los investigadores del Instituto de Física Miguel Ángel Solís y Mauricio Fortes, la reunión estuvo compuesta por 12 pláticas impartidas por los investigadores Luis Antonio Pérez, Patricia Salas y Jaques Soullard, del Instituto de Física; Carlos Ramírez, de la Facultad de Ciencias; Frederic Trillaud, del Instituto de Ingeniería; y Manuel de Llano, Chumin Wang, Israel Chávez e Ilya Kaplan del Instituto de Investigaciones en Materiales, todos de la UNAM.

También participaron Silvia Cortés-López y Felipe Pérez Rodríguez, del Instituto de Física de la Benemérita Universidad de Puebla y Rafael Baquero, del Centro de Investigación y Estudios Avanzados del IPN.

En el 2011 se cumplieron cien años del descubrimiento de la superconductividad. Y la celebración se dio en todo el mundo con reuniones científicas y ediciones especiales de revistas especializadas y de divulgación.

En el Instituto de Física de la UNAM también se celebró con una reunión parecida a la de este año. El Colegio Nacional se unió a la celebración y el 29 de noviembre del 2011 organizó un evento de un día con ocho pláticas que fueron publicadas en el libro titulado “100 Años de Superconductividad” editado por el Colegio Nacional y la Universidad Autónoma Metropolitana, gracias al apoyo de los doctores Leopoldo García-Colín y José Luis del Río.

Este año, para celebrar sus 105 años, el evento en el IFUNAM cerró con una mesa redonda titulada “El futuro de la superconductividad en México”, en la que los investigadores se mostraron más entusiasmados por aumentar la colaboración entre los colegas así como la enseñanza y la difusión de la superconductividad.

Entre otras, se propuso crear proyectos guía para cooperar entre las diferentes instituciones, redes temáticas del CONACyT o del PRODE SEP, así como reactivar las sesiones de superconductividad en el Congreso Nacional de Física.

“Podemos ser optimistas, hay mucha investigación que se ha desarrollado, el nivel de la investigación es cada vez más elevado; las publicaciones dan cuenta de que tenemos una presencia de investigación importante”, dijo Rafael Baquero.

Sin embargo, hay retos importantes. “En México no hay una base para construir sistemas superconductores. Desde los 90 hay una empresa, del grupo Carso, que hace cables y transformadores superconductores, pero después de dos décadas no se ha demostrado que esta área haya crecido ni que vaya a crecer", dijo Frederic Trillaud.

Por eso una de las primeras metas, coincidieron los investigadores, es darle mayor visibilidad y difusión a la investigación en este campo que se hace en México.

Para Baquero, el área de la superconductividad comparada con otro tipo de investigación como partículas elementales, por ejemplo, ha perdido terreno mediático y por eso tiene muy poca representatividad. Dijo que parte de esa tarea tenía que ser impulsada por los mismos especialistas. “No hay que ser vanidosos pero tampoco excesivamente modestos”, dijo.

“Para convencer a la gente necesitan divulgar, necesitan comunicar y vender. Más importante que la ciencia, es cómo ve la ciencia la sociedad”, concluyó Trillaud. Además dijo que la meta debería ser vender la superconductividad a través de posibles aplicaciones tecnológicas que puedan tener un impacto social.

También coincidieron en que una actitud de unidad puede ayudar a compartir los equipos tecnológicos que ahora solamente son usados por ciertos grupos de investigación. Al compartirlos más investigadores pueden sacarles mayor provecho y hacer un uso más eficiente de sus recursos.

Historia de la superconductividad

En 1911 inició la era de la superconductividad con el uso de uno de los metales más puros de esa época: el mercurio. Los investigadores G. Holst y K. Onnes utilizaron hilos capilares con mercurio y conforme fueron bajando la temperatura, éste se volvió sólido. Midieron entonces la resistencia eléctrica y, para su sorpresa, encontraron que esta había caído bruscamente a casi cero cuando la temperatura alcanzó los 4.2 Kelvin (-269°C).

La teoría que pudo describir la superconductividad convencional llegó en 1957, conocida comúnmente como la teoría BCS en honor a sus creadores John Bardeen, Leon Neil Cooper y John Robert Schrieffer, ganadores del Nobel de Física en 1972.

En 1986, aparecen los nuevos superconductores de alta temperatura crítica (cupratos) y, más recientemente, aparecieron los superconductores a base de hierro cuya característica, al igual que los cupratos, es tener una estructura multicapas que le da un carácter casi-bidimensional al fenómeno de la superconductividad.

Inmediatamente después del descubrimiento, se inició la carrera por lograr superconductores con temperaturas críticas más altas, con la ilusión de llegar a tener en el futuro cercano, superconductores a temperatura ambiente.

El superconductor con la temperatura crítica récord es el sulfuro de hidrógeno con una temperatura crítica de 203 K (-70°C), cuando es sometido a una presión de 90 Giga Pascales (aproximadamente, un millón de atmósferas) y que fue reportado en la revista Nature hace solamente un año.

Pero todo esto es solamente el principio de lo que seguramente seguirá avanzando. “Utilizamos el hecho de que hoy se cumplen 105 años del descubrimiento de la superconductividad como pretexto para reunirnos”, dijo M.A. Solís durante el evento, pero también con la esperanza de que México no quede fuera de esa carrera científica y tecnológica.

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