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El LEMA: una buena opción para servicio social

Christian Coria
30/nov/2016

El servicio social es una parte muy importante en la formación de universitarios. En la UNAM, esta actividad comenzó en 1936 con la primera brigada de pasantes de la carrera de medicina para prestar servicios de salud. Poco después se instituyó para todos los alumnos de la UNAM y finalmente para todos los estudiantes a nivel licenciatura del país.

De acuerdo con la Dirección General de Orientación y Atención Educativa de la Universidad Nacional, anualmente en la UNAM participan 26,000 estudiantes en alrededor de 5,000 programas de servicio social registrados y validados por las instancias académicas. Y según información de esta instancia universitaria, a través de los años, se ha logrado crear programas de servicio social de alto impacto y beneficio social donde los estudiantes aplican e incrementan sus conocimientos, habilidades y conciencia social.

Por tanto, los días 23 y 24 de noviembre se llevó a cabo en la Facultad de Medicina el “Evento conmemorativo de los 80 años del servicio social universitario”, que incluyó dentro de sus actividades el simposio de servicio social titulado: “Buenas prácticas, retos y desafíos del servicio social universitario”, así como una feria de programas de servicio social y una exposición historiográfica.

El objetivo principal del simposio fue identificar los retos y desafíos del servicio social universitario mediante la presentación y análisis de programas y el intercambio de experiencias.

Corina Solís Rosales, investigadora del Instituto de Física de la UNAM, participó en el evento con la charla: “Investigación en el Instituto de Física. Espectrometría de masa con aceleradores. Aplicaciones en arqueología, ciencias de la tierra, ciencias ambientales y biomedicina”.

Este programa de servicio social se lleva a cabo en el Laboratorio de Espectrometría de Masas con Aceleradores (LEMA) en el Instituto de Física y en el Taller de Física de Radiaciones en la Facultad de Ciencias y tiene como objetivo contribuir a la formación académica de los alumnos que se incorporan mediante la puesta en práctica de los conocimientos adquiridos en sus diferentes carreras.

“Cuando los alumnos de servicio social entran con nosotros se ven expuestos a una experiencia muy cercana a la que ejercen los investigadores de muy diversas disciplinas, esto les da la oportunidad de interactuar con especialistas muy diferentes”, comentó la investigadora.

Las actividades que desarrollan los alumnos les permiten involucrarse en las diferentes etapas del desarrollo de un proyecto de investigación científica pues comprenden desde el registro de las muestras en el momento en que llegan hasta la participación en el análisis de carbono catorce utilizando el acelerador de partículas.

De acuerdo con la investigadora, uno de los retos que enfrenta el programa es lograr una organización tal que permita a los académicos atender a los alumnos, puesto que son pocos los participantes del programa; así como conseguir los recursos económicos para financiar la estancia de los estudiantes, sin embargo, esto último se ha logrado gracias a apoyos de Programa de Apoyo a Proyectos de Investigación e Innovación Tecnológica (PAPIIT), Programa de Apoyo a Proyectos para la Innovación y Mejoramiento de la Enseñanza (PAPIME) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT)

Finalmente Corina Solís comentó que “este ambiente de trabajo multidisciplinario requiere del desarrollo de habilidades de colaboración y trabajo en equipo muy importantes. Además les permite conocer nuevos campos de aplicación de trabajo para desarrollar sus conocimientos y habilidades”, concluyó.