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México no es el pueblo vencido sino la historia de lucha permanente: Salmerón en el IF

Evelyn C. Ayala
24/mar/2017

La historia y su enseñanza tienen muchas funciones. Una de ellas es construir identidades, ayudarnos a entender qué significa ser ciudadano y cómo podemos usarla para enfrentar el presente. De las funciones de la historia, la mexicanidad, el nacionalismo y la lucha social por parte de la comunidad científica habló Pedro Salmerón, licenciado, maestro, doctor en Historia y articulista de La Jornada, en su charla “Contar la historia para manipular el presente”, del 15 de marzo en el Instituto de Física como parte del ciclo “El IF ante la problemática nacional”.

El mexicano frente al espejo

“¿Consideran al mexicano un personaje apático, malinchista, desidioso, relajiento, flojo y con poca iniciativa?”, preguntó Salmerón a la audiencia. “No lo es, pero creemos que sí”, respondió. Salmerón atribuye esta reacción a la idea de nuestro origen mestizo que ha sido perpetuada y fortalecida a lo largo de nuestra historia por un conjunto de instrumentos culturales.

En El laberinto de la soledad (1950), Octavio Paz describe al mexicano como un “hijo de la chingada”. Una de las acepciones de chingada es violada. Dice Paz que los mexicanos somos hijos de Hernán Cortés quien violó a La Malinche y que, por lo tanto, somos resultado de una violación. “Odiamos a nuestro padre español porque violó a nuestra madre y pero en el fondo lo admiramos porque es conquistador y macho. Al mismo tiempo, despreciamos a nuestra madre porque, como todos ustedes saben, si una mujer fue violada, evidentemente tuvo la culpa”, aseguró irónico Salmerón.

Lo cierto es que dicha violación no ocurrió. Pero para el investigador, esta percepción de nuestro origen resuena de muchas formas en nuestro presente. La historia de México ha sido contada al compás de la autovictimización bajo el discurso del “hijo de la chingada” y repetido en “los libros de texto, en los planes de estudio, en las películas del cine de oro mexicano con San Pedrito Infante y San Jorge Negrete quienes son un vehículo ideológico de esto, en las telenovelas y con nuestros grandes escritores como Octavio Paz, en las radionovelas, en las canciones, en los sermones del cura. Y nos seguimos creyendo descendientes de los aztecas, del pueblo conquistado”, recordó Salmerón.

No es que el mexicano sea apático o con poca iniciativa. “Existe esa forma de ser del mexicano porque nos la han inducido y nos la hemos creído. La historia de México es una historia de lucha y resistencia permanente”, dijo el también escritor de seis libros entre los que destacan: 1915. México en guerra y Los carrancistas, la historia nunca contada del victorioso Ejército del Noreste.

Pedro Salmerón. Foto: Carlos Antonio Sánchez.

Desactivar el modelo racista

“A mí me da vergüenza ser mexicano cuando veo cómo actúa nuestro país: ¡con qué autoridad moral le reclamamos a Trump lo que hace con los migrantes mexicanos si nosotros nos portamos peor! Cada mujer salvadoreña que cruza por México es violada en promedio cuatro veces”, dijo el historiador.

De acuerdo con él, el nacionalismo válido, que sí sería distinto al de Trump, es el nacionalismo liberador, no excluyente y no xenófobo.

El investigador reconoció que la comunidad científica significa otro eslabón para lograr ese nacionalismo y que debe mantener la participación activa.

Para defender el interés nacional, dijo, la comunidad académica, científica, estudiantil, debe unirse a la lucha nacional. La Universidad, y especialmente su comunidad científica ha sido vanguardia en la lucha social, y ha tenido participaciones importantes en movimientos sociales tan relevantes como el estudiantil en 1968; hay egresados de la Facultad de Ciencias, incluso, quienes participan de manera destacada en diversos movimientos sociales. ¿Por qué entonces no hacer más grande, más activa, más nacionalista esa participación? Para Salmerón no todo está perdido. Él ha elegido la vía de la participación política para intentar hacer un cambio, e invita, aguerrido, a que cada quien encuentre la suya.

Pedro Salmerón. Foto: Carlos Antonio Sánchez.