NOTICIAS

Desarrollan técnica emergente para reducir mortalidad de cáncer de mama

Aleida Rueda
7/abr/2017

A pesar de que las mamografías son una de las técnicas más precisas con las que cuentan los médicos de todo el mundo para detectar anomalías y así reducir la tasa de mortalidad por cáncer de mama, también tienen algunas limitantes: son generalmente incómodas para las pacientes y, además, no generan las imágenes idóneas para ver el interior de la glándula mamaria.

Para reducir estos problemas, físicos médicos estadounidenses crearon una alternativa conocida Breast Computed Tomography (BCT), un tomógrafo de rayos X para imágenes de mama.

Uno de sus principales creadores, John M. Boone, del Departamento de Radiología de la Universidad de California en Davis, estuvo hace unos días en México, para compartir algunos de sus avances con investigadores, profesores y estudiantes de Física Médica del Posgrado de Ciencias Físicas y especialistas internacionales, como parte de las actividades de la reunión anual de la Comisión Internacional de Unidades y Medidas de Radiación (ICRU), que se llevó a cabo por primera vez en México… y en el Instituto de Física.

De lo bidimensional a lo tridimensional

La mayoría de las mujeres sabrán en qué consiste la nada apetecible experiencia de hacerse una mamografía. Básicamente, la paciente se coloca de pie frente a la máquina de rayos X de manera que la mama pueda ser comprimida por una paleta, justamente, que la fija para luego expuesta a la radiación.

Al final, esta técnica genera dos vistas de cada mama, una vertical y otra lateral. Y es ahí donde está el problema.

“(La glándula mamaria) es un objeto tridimensional y la mamografía produce una imagen bidimensional (…) El superponer tejidos puede ocultar la presencia de una lesión, si es que la hay”, dijo Boone.

Como alternativa, desde hace varios años Boone busca generar imágenes en tres dimensiones mediante una técnica que elimine el problema de la superposición. Esa técnica es la Breast Computed Tomography.

En la BCT, en vez de comprimir la mama usando una placa, la paciente se recuesta boca abajo sobre una mesa especial, que tiene un orificio para que la mama quede colgando, descubierta. De bajo, un tubo de rayos X gira 360° alrededor de la mama, y emite un haz que atraviesa la glándula desde varios ángulos.

Con ello, se detecta una imagen radiológica para cada proyección angular y, luego, por un método computacional, se reconstruye una imagen tomográfica en 3 dimensiones. La técnica desarrollada en Davis imparte a la paciente la misma dosis de radiación que la mamografía y, dado que no hay presión, puede ser menos incómodo y molesto para la paciente.



Como luce el BCT en la práctica. Foto: NIH.GOV.

Había que probarla

Justo en la época en que se empezaron a usar los mastógrafos en Estados Unidos, el joven físico médico John M. Boone, iniciaba su carrera en el Departamento de Radiología de la Universidad de California en Davis.

Hoy es un experto en radiología e ingeniería biomédica y reconocido internacionalmente por la creación de cuatro tomógrafos computados para obtener imágenes de la mama.

Pero para lograrlo tuvo que pasar mucho tiempo y ganar suficiente evidencia que le permitiera probar los resultados de la BCT.

Después de trabajar durante muchos años en la construcción, calibración, eliminación de ruido y medición de dosis de radiación de este aparato -¡y de probarlo con más de 2 mil objetos distintos!, el 22 de noviembre de 2004 Boone y su equipo lograron generar la primera imagen por CT de la glándula mamaria de una persona voluntaria.

Desde entonces, otras 600 pacientes, todas diagnosticadas con lesiones sospechosas han sido analizadas con este aparato, logrando un conjunto de 2,400 imágenes (40 por paciente), que cuentan con una calidad de imagen mejor que otras técnicas como la mamografía o la tomosíntesis.

“Si vemos un objeto en dos imágenes tenemos cierto grado de confianza, pero si lo vemos en 30, 40 o 100 imágenes tenemos mayor grado de confianza. Los radiólogos deben tener mucha confianza en lo que observan porque van a tener que tomar la decisión de enviar a esa paciente a casa o pedirle que se someta a mayores estudios de inmediato”, explica Boone.



Como se ve una imagen producida por la BCT, comparada con la mamografía. Fuente: eradimaging.com.

Trabajo para el futuro

El siguiente paso para el equipo de especialistas que lidera Boone en la Universidad California Davis ha sido inyectar un agente de contraste en las pacientes antes y después de pasar por la tomografía computarizada.

“No es una sorpresa que el agente de contraste resulte muy poderoso en la generación de imágenes de mama”, dijo Boone. De hecho, “se puede usar como una medida de la mejora de la paciente, y resulta casi como un bio marcador para determinar si la lesión es maligna. Prácticamente, no es necesario hacerle una biopsia a la paciente”.

Boone concluye que la BCT presenta una mejor detección de masas sospechosas comparado con la mamografía, y que el uso del agente de contraste puede mejorar aún más su desempeño.

Admite que tiene aún mucho trabajo por hacer para mejorar la exactitud de sus conclusiones, por eso la BCT aún no está disponible como técnica de base en los hospitales y clínicas de Estados Unidos.

Pero dice que no pasará mucho tiempo para que se multiplique su uso en Estados Unidos y el resto del mundo, incluido México. Boone está convencido de que la CT de mama tendrá un rol muy importante en la reducción de la mortalidad por cáncer en el futuro próximo.


Miembros de la Comisión Internacional de Unidades y Medidas de Radiación (ICRU), acompañados por el director del Instituto de Física, Manuel Torres. Foto: Pedro Zaldívar/IFUNAM.


Entrevista con John Boone por el equipo de la Unidad de Comunicación del Instituto de Física.