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Ciudades de blanco contra el cambio climático

Karina Maldonado Portillo
23/may/2012

La idea es sugerente: si en todo el mundo las azoteas de los edificios y los pavimentos de las ciudades se pintaran de blanco, se revertiría el efecto de 150 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2) que contribuyen directamente al calentamiento global.

Aunque la relación entre pavimentar o pintar las superficies urbanas y la disminución de CO2 no es nueva, investigadores de la Universidad de Concordia de Montreal, Canadá, han concluido, por primera vez, luego de análisis y simulaciones prospectivos de siglos, datos concisos de cuánto se debe aumentar la reflectancia y a cuánto CO2 equivaldría.

En su artículo, titulado "The long-term effect of increasing the albedo of urban areas" y publicado en abril en la Revista de Investigaciones sobre el Medio Ambiente del Instituto de Física de Estados Unidos (IOP), proponen aumentar el albedo (el porcentaje de energía que refleja una superficie) de las zonas urbanas para beneficiar a las ciudades.

Y los autores justifican su conclusión con cifras: si se incrementa el albedo en 0.01 por cada metro cuadrado, se dejarían de emitir entre 6.5 y 7.5 kg de CO2. Esto es equivalente a las emisiones de CO2 que lanza a la atmósfera un solo automóvil en un recorrido de entre 33 y 40 km, que equivale, por ejemplo, al camino que un alumno de la UNAM que vive en Ecatepec realiza todos los días para llegar a Ciudad Universitaria (C.U.).


La cantidad de CO2 que se dejaría de emitir con un aumento de albedo de 0.01 en un solo m2 equivaldría al recorrido de Ecatepec a C.U.

Para llegar a tal conclusión, los investigadores hicieron simulaciones en distintas áreas urbanas de Estados Unidos, que son las zonas con menor reflectancia debido a que los edificios y el pavimento están hechos de materiales oscuros que reflejan muy poco la radiación y provocan que los edificios se calienten.


Las temperaturas son usualmente más altas en las zonas urbanas. Imagen: Laboratorio Nacional de Lawrence Berkeley.

El asunto de aumentar la reflectancia tiene que ver con el efecto invernadero, por medio del cual, parte de la radiación que llega a la Tierra se refleja y otra es absorbida por la corteza. Esto ha permitido una temperatura ideal para la vida. Sin embargo, sus efectos negativos son resultado de grandes cantidades de gases de efecto invernadero como el CO2, que provocan más radiación absorbida y que la Tierra se caliente aún más.

Esto sucede porque “en el efecto invernadero la luz visible calienta la tierra que a su vez emite radiación infrarroja, pero esta no se escapa sino que regresa debido a los gases de efecto invernadero que esparcen la luz; una parte la envían al espacio exterior y otra la regresan a la Tierra, lo cual produce que haya mayor radiación y mayor temperatura”, explica Rubén Barrera, investigador del Instituto de Física de la UNAM.

A través de un modelo computacional llamado Earth System Climate Model de la Universidad de Victoria (UVic ESCM), los investigadores canadienses simularon el sistema global climático y su interacción con el ciclo global del carbono.

Simularon diversos factores naturales como el balance de la humedad con campos de viento, el cual permite la transportación del agua y el calor. Incluyeron datos que representan a los fenómenos del ciclo del carbono, como el intercambio de carbono a través de la fotosíntesis de las plantas y la descomposición de seres vivos; también consideraron la absorción de carbono por parte de los océanos. Con este modelo, fue posible calcular la respuesta de las variables asociadas con la modificación de la reflectancia.

La simulación en UVic comienza con valores de la era industrializada, es decir, cuando inició la actividad humana que provocó el aumento de CO2. Y posteriormente, aumenta los valores del albedo hasta a los años 2100, 2200 y 2300. Se calcularon los valores de la temperatura para cada año, así como la energía que reflejaría con modificaciones del albedo.


La imagen muestra la diferencia de temperatura de la superficie atmosférica en 2100, 2200 y 2300 como resultado del incremento de 0.01 del albedo en la tierra. Se observa una disminución de la temperatura en dos escenarios a) En un patrón de emisión de CO2 como el de hasta ahora y b) Si hay una mitigación agresiva.

“El cambio de albedo tiene un efecto significativo en la temperatura global, el cual incrementa con el tiempo”, concluyen los investigadores. "Al incrementar un 0.01 el albedo de 1m2 de una superficie, disminuye la temperatura global de largo plazo en alrededor de 3x10-15K (kelvin, unidad para medir temperatura)".

A su vez, el mismo incremento del albedo equivaldría al desplazamiento de entre 130 y 150 millones de toneladas de CO2, lo cual, según el IOP, corresponde a sacar de circulación a casi todos los automóviles que hay en el mundo si se toma en cuenta que un automóvil emite casi 4 toneladas de CO2 al año.

Ahí la relevancia de que superficies como techos y pavimentos se cambien con regularidad con materiales que tengan mayor reflectancia y absorban menos radiación. “Si alguien va a impermeabilizar su azotea en lugar de hacerlo con un producto de color rojo, mejor que lo haga con uno blanco; de esta manera habría una concientización para que este proyecto pueda caminar”, dice Rubén Barrera.

Sin embargo, el investigador es realista. “El artículo está apuntando a una dirección que tendría una enorme relevancia si se pudiera llegar a un acuerdo”. Es decir, no basta con esfuerzos individuales para lograr una reducción de CO2 tan impresionante como la que predice el artículo.

Lo que se requiere es “un acuerdo internacional para cuando sea necesario renovar alguna construcción, esta se realizara con materiales que reflectaran más”, concluyó.

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