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Cómo hacer ciencia desde el tercer mundo: el legado de M. Moshinsky

David Salcedo
16/abr/2018

Un día como hoy, pero de 1921, nació un niño en Kiev, Ucrania, que respondía al nombre de Mara Moshinsky, y quien años más tarde, se convertiría en uno de los físicos mexicanos más importantes de la historia.

Esta es la frase que resume el libro del físico Luis Gottdiener, autor del libro "Marcos Moshinsky, La lucha por la ciencia desde el Tercer Mundo", un recuento de 11 capítulos en el que narra la vida de uno los pioneros de la física cuántica y la física matemática en México, quien además trabajó con personajes de la ciencia mundial como Enrico Fermi, John Neumann, Wolfgang Pauli o Niels Bohr.

Marcos Moshinsky nació el 20 de abril de 1920 en Ucrania pero pocos años después, en plena I Guerra Mundial, llegó a México debido a que sus abuelos y sus padres, de origen judío, enfrentaban problemas políticos a raíz del conflicto entre Polonia y Alemania.

Una vez en México, los Moshinsky pasaron por diversas dificultades como los rezagos políticos y sociales propiciados por la Revolución Mexicana, el poco dominio del idioma español y las diferencias culturales.

Marcos llegó a México con su nombre original: Mara. Pero por problemas que tuvieron al momento de inscribirlo en la escuela primaria Alberto Correa, en la colonia Roma de la Ciudad de México, tuvieron que cambiarle el nombre por Marcos.

Irónicamente, Marcos no fue un niño sobresaliente en la escuela. Pero eso cambió en la secundaria. En el segundo capítulo, Gottdiener narra que un profesor le ayudó a descubrir su talento para las matemáticas y posteriormente para la física, lo cual fue clave en su vida para tomar la decisión de inscribirse en la UNAM para estudiar física.

Ya en la Facultad de Ciencias, alrededor de 1939, Moshinsky tuvo sus primeros contactos con quienes más tarde serían sus colegas en la UNAM y en el Instituto de Física: Fernando Alba, Luz María Barraza, Carlos Graef, Manuel Sandoval Vallarta y los ex rectores de la UNAM, Javier Barros Sierra y Nabor Carrillo.

Marcos Moshinsky fue el segundo licenciado en física de la historia de México, solo después de su amigo y colega Fernando Alba. Y tras egresar de la carrera, se integró como investigador en el Instituto de Física.

En ese tiempo, el campo que le interesaba más, la física cuántica, estaba poco desarrollada en el país, así que decidió viajar a la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, donde realizó su doctorado bajo la supervisión del Eugene Wigner, quien años después de enseñar a Moshinsky, ganó el Premio Nobel de Física en 1963 por sus contribuciones a las teorías del núcleo atómico y de las partículas elementales, y especialmente por el descubrimiento y aplicación de los principios de simetría.



Marcos Moshinsky. Foto: Arhivo IFUNAM.

En su juventud y vida adulta, Marcos Moshinsky se hizo de muchas amistades científicas, especialmente después de regresar a México, ya que promovió diversas actividades para concentrar a científicos del país y de América Latina, como la Escuela Latinoamericana de Física o la Revista Mexicana de Física.

Debido a que sus contribuciones al conocimiento fueron numerosas, Marcos recibió casi todos los premios que México otorga a sus científicos más connotados y también otros de nivel internacional. Por ejemplo, en 1961 le dieron el premio de la Academia de la Investigación Científica; en 1988 el Premio Príncipe de Asturias; en el 2000, recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Frankfurt; en 2005, la medalla Justo Sierra al Mérito Universitario de la UNAM, por mencionar algunos.

Durante todo el libro, muchos de los datos contextuales que proporciona Luis Gottdiener son de riqueza histórica pues reflejan el México del siglo XX. Más que la vida de un personaje, el autor nos ofrece el contexto, el lugar y el momento en los que se forjó la ciencia en este país y, especialmente, cómo la física se profesionalizó en un México marcado por la pobreza, los conflictos armados y la ausencia de instituciones para la investigación.

En el libro, también vemos el paso del tiempo a través de fotografías de Marcos y de algunas personas importantes para él como Manuel Sandoval Vallarta, Alejandro Medina, Carlos Graef, su difunta esposa Elena Aizen, y su posterior pareja, Esperanza del Río.

“¿A quién pudiera interesar este libro?”, pregunta el autor en las primeras páginas de su obra. “En un primer ámbito, a físicos y estudiantes del ramo. En segundo, a quienes se interesan en las actividades científicas en México o Latinoamérica. Y quizá haya un tercer sector (…) los interesados en impulsar el desarrollo de la ciencia en el Tercer Mundo”.

El pasado 15 de febrero, el autor visitó el Instituto de Física para asistir a la entrega de las Cátedras Marcos Moshinsky en el Auditorio Alejandra Jaidar, cuyos ganadores recibieron también un ejemplar de la obra. En el evento, participaron Guillermo Monsiváis, director de la Fundación Marcos Moshinsky, Manuel Torres Labansat, director del IF, y el sobrino de Marcos Moshinsky, Moises. El libro, dijeron, es también una forma para propiciar que los ganadores nunca olviden su responsabilidad en investigación, docencia y humanidad.



Marcos Moshinsky. Foto: Arhivo IFUNAM.