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La Semana del Espacio llegó por primera vez al IF

Luciana de la Fuente
5/nov/2018

Con charlas de divulgación, cine debate y observaciones astronómicas, el Instituto de Física celebró por primera vez la Semana Mundial del Espacio, misma que llevó como título “El Espacio Une al Mundo”.

Este evento, declarado por la ONU, se realiza desde el 2000 y tiene como propósito la divulgación de ciencia espacial, así como promover la participación de la gente en diferentes actividades educativas, principalmente astronómicas.

La Semana Mundial del Espacio se celebra entre esas dos fechas debido a que son días importantes: el 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética lanzó al espacio exterior a Sputnik, el primer satélite artificial de la Tierra; y el 10 de octubre de 1967 entró en vigor el Tratado del Espacio Exterior, mismo que, entre muchas otras declaraciones, prohíbe que la Luna pertenezca a alguna nación.



Se prepararon dos observaciones con telescopio, una solar y una nocturna, a cargo de Nibiru. Como el clima no permitió las observaciones, Nibiru aprovechó la ocasión para explicar el funcionamiento de los dos telescopios que llevaron: uno catadióptrico y un Solar Max, que es específico para observaciones solares. Ambos, deben ser colocados en un tripié que esté orientado con una pata hacia el sur y dos hacia el norte, para así, ubicarse a partir de la estrella polar. Crédito: David Salcedo/Unidad de Comunicación IFUNAM

Por otro lado, en el ya tradicional cinedebate del IF se expuso la película La Llegada, misma que trata temas poco convencionales en comparación con otras películas sobre invasiones alienígenas, como la relevancia del lenguaje y la comunicación. Éste fue el tema principal a discutir durante el debate.

Observar el universo para comprender la energía oscura

Con su charla, “El lado oscuro del Universo”, la investigadora del Instituto de Física, Mariana Vargas Magaña habló del trabajo que realiza como cosmóloga observacional para estudiar al espacio exterior.

“Los cosmólogos vemos eventos que ocurrieron en el pasado. Entre más lejos veamos, estamos viendo más en el pasado”, mencionó Vargas. En su estudio, la observable fundamental es la luz, que es entendida como el espectro más amplio en las longitudes de onda.

Para las ondas de luz se utiliza una unidad de medida llamada corrimiento al rojo (redshift). Esta medida es una analogía con el efecto sonoro doppler, en el que el sonido cambia cuando su fuente de emisión se aleja o se acerca. Las ondas de luz se asocian de la misma manera, pues cuando una de éstas se acerca, corre hacia el color rojo del espectro, y cuando se aleja, corre hacia el azul. Con esto, es posible determinar si una galaxia se aleja o acerca de la Tierra.



Mariana Vargas. Crédito: David Salcedo/Unidad de Comunicación IFUNAM

Bajo esta técnica de medición el astrónomo estadounidense, Edwin Hubble, logró postular en 1929 que el Universo se expande. En 2011, los astrónomos, también estadounidenses, Saul Perlmutter, Brian Schmidt y Adam Riess, recibieron el premio Nobel de física por demostrar, con base en observaciones de supernovas lejanas, que el Universo se expande aceleradamente, contrario a lo que se creía desde la postulación de Hubble.

Mariana Vargas mencionó que la meta de su trabajo como de los cosmólogos en otras partes del mundo es comprender mejor la energía oscura. “El objetivo principal de todos estos proyectos es mejorar la comprensión de la energía oscura. Esa es la meta científica que está dirigiendo a todos estos experimentos”, dijo.

“El modelo cosmológico está realmente compuesto por la cantidad que existe de energía oscura. Si nosotros no agregamos al contenido energético del universo esta componente que llamamos energía oscura, no podríamos explicar las observaciones de las supernovas”, explicó Vargas.

Vargas ha trabajado en experimentos que recolectan este tipo de datos, uno de ellos es el Baryonic Oscillations Spectroscopic Survey. Se trata de un telescopio en Apache Point, Nuevo México, que mide 2.5m y que durante 2008 y 2014 observó espectros de un millón de galaxias luminosas rojas, así como alrededor de 100mil quasares en un rango de corrimiento al rojo de 0.32


Mariana Vargas. Crédito: David Salcedo/Unidad de Comunicación IFUNAM

Este experimento se extendió a una observación de 2014 a 2019, aumentando su rango de observación de espectros desde la Tierra. Por otro lado, Dark Energy Spectroscopic Instrument es un telescopio de nueva generación que se encuentra en Kitt Peak, Arizona y medirá 4 metros y hará observaciones entre 2020 y 2025.

“El nuevo telescopio va a mejorar la precisión de las observables, bajar las barras de error y con eso se va a poder limitar más nuestros modelos que pueden explicar nuestro Universo, por lo tanto, nos va a ayudar a hacer un avance mayor en la comprensión en partículas de la energía oscura”, afirmó Vargas.

Al concluir el periodo de observación se grafican las diferentes bandas observadas en el cielo según su longitud de onda; ésto permitirá identificar puntos interesantes donde podría haber una galaxia. Finalmente, al ya tener las coordenadas angulares y radiales, se logra construir un mapa de la estructura a gran escala del Universo.

Derecho espacial

Con su charla “¡Houston, tenemos un problema… jurídico!”, el licenciado en derecho Diego Amante Soria dio una videoconferencia desde Francia, donde realiza una estancia, sobre derecho espacial con énfasis en el tratado ARRA, uno de los cinco tratados espaciales pertenecientes al Tratado del Espacio Exterior.

Por sus siglas en inglés, el tratado se refiere a Agreement on the Rescue of Astronauts, the Return of Astronauts and the Return of Objects Launched Into Outer Space. El primer paso para la regularización del tratado surgió en 1963, sin embargo, un fatal accidente en enero de 1967, donde murieron tres astronautas estadounidenses, hizo que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) le diera prioridad al tratado.



Diego Amante Soria, en videoconferencia desde Francia. Crédito: David Salcedo/Unidad de Comunicación IFUNAM

Ese mismo año sucedieron otros dos accidentes fatales, provocando la pérdida de un astronauta de la URSS y otro de Estados Unidos. Debido a estas tres catástrofes, fue necesario concretar el tratado antes de que terminara ese año. ARRA entró en vigor el 3 de diciembre de 1968.

En él, se decretaron 10 artículos en total: cuatro sobre el régimen de salvamento y devolución de astronautas, uno sobre restitución de objetos espaciales, uno para definir “autoridad de lanzamiento” y otros cuatro sobre procedimientos para todos los anteriores.

A pesar de que ARRA procura la protección de astronautas, después de que entrara en vigor hubo accidentes espaciales donde no fue posible aplicarlo, como la catástrofe del Challenger en 1986 y la de Soyuz 11 en 1971.

“La cuestión con estos accidentes es que no se dieron las condiciones de accidente, de peligro o de aterrizaje forzoso según lo establecido en el tratado, en dado caso, sería recuperación de cadáveres, por el tamaño de la catástrofe”, afirma Diego Amante.



Diego Amante Soria, en videoconferencia desde Francia. Crédito: David Salcedo/Unidad de Comunicación IFUNAM

Asimismo, el licenciado en derecho afirma que se necesita una reforma sistemática entre ARRA y los demás tratados espaciales para mejorar sus aplicaciones, pues existen considerables diferencias entre conceptos y se debería involucrar a empresas privadas, ya que hace falta la posibilidad de salvamiento en el espacio exterior.

“Sería importante hacer una reforma sistemática de los cinco tratados espaciales, porque hay varios términos que no coinciden entre uno y otro, como el de astronauta. Es necesario homologar términos con los otros tratados, ya que, por ejemplo, la falta de definición de astronauta afecta porque discrimina a personas que también se encuentran en riesgo dentro de una nave”, Diego Amante.



Observación solar con Nibiru. Crédito: David Salcedo/Unidad de Comunicación IFUNAM