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Consigue el LEMA la datación del Códice Maya de México

Evelyn C. Ayala
13/dic/2018

“Es el manuscrito americano más antiguo conocido hasta ahora y parte inseparable del patrimonio arqueológico nacional”. Con esas palabras el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ratificó el Códice Maya de México en agosto de este año, un pergamino prehispánico evaluado por un grupo interdisciplinario en el que participó la investigadora Corina Solís, del Instituto de Física.

Corina Solís y su equipo del Laboratorio de Espectrometría de Masas con Aceleradores (LEMA) consiguieron la datación del Códice Maya de México (antes Grolier) a través de la cuantificación de carbono 14 (14C) de una muestra del quinto folio del manuscrito.

La travesía

Durante varias décadas se dudó de la autenticidad del Códice. Se cree que lo encontraron en México e ilícitamente y lo vendieron a un coleccionador de piezas arqueológicas en la década de los 60, quien lo expuso por primera vez en 1971 en el Club Grolier de Nueva York, de ahí que se le nombrara así.

Años más tarde el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) recuperó el Códice y durante décadas permaneció abierto el debate de comprobar su autenticidad. Es por eso que recientemente el INAH inició el proyecto liderado por Baltazar Brito Guadarrama y Sofía Martínez del Campo.


Corina Solís, investigadora del IFUNAM. Foto: Carlos Antonio Sánchez /Unidad de Comunicación.

Preparación de la muestra

El proceso para lograr la datación del Códice Maya de México consistió principalmente en cuatro pasos: la toma de la muestra y su lavado, la grafitización, introducir la muestra al acelerador de partículas y el análisis de datos.

Con ayuda de un microscopio estereoscópico, los investigadores del grupo de Corina Solís tomaron algunas fibras de la capa intermedia del papel amate con que se elaboró el Códice pero era muy probable que el manuscrito hubiera sido preservado con algunos materiales que podían provocar confusiones durante el análisis de la datación.

Entonces la muestra se sometió a un proceso de lavado ultrasónico en un Soxhlet, un aparato capaz de eliminar residuos de tierra adherida y otros materiales ajenos a las fibras. “En este equipo se hacen lavados sucesivos con diferentes solventes como hexano, acetona y etanol, después se lava con agua para eliminar todos los solventes. Esto nos asegura que se eliminen todos los preservantes que le hayan podido agregar accidentalmente o intencionalmente”, dijo Solís a Noticias IFUNAM.

Así, fue posible extraer el material original del amate: la celulosa. Luego fue necesario liofilizar la muestra para eliminar el agua que quedó después del lavado a través de la sublimación, una técnica que congela el agua y luego la elimina aplicado calor hasta conseguir su evaporación. Una vez seca, se inició el proceso de grafitización de la muestra.

Grafitización

En esta etapa, Solís obtuvo una cantidad de celulosa con carbono. “Se pesa en una báscula hasta que llegue a un peso de aproximadamente entre 3 y 3.5 miligramos para obtener un miligramo de carbono”, dijo Solís. Esa cantidad fue suficiente para llevarla al grafitizador automatizado, un artefacto que alcanzó una temperatura de 950 grados y que produjo dióxido de carbono a partir de la quema de la muestra.

Luego se agregó hidrógeno y con un tubo con 5 miligramos de hierro colocado en el interior del grafitizador se logró una reacción a 580 grados que separó el carbón del oxígeno y el carbono se depositó sobre el hierro en forma de grafito. De acuerdo con Corina Solís “es como una especie de lentejita negra que ya tiene el hierro y el miligramo de carbono, que se va a introducir en un cátodo de aluminio”, dijo.


Códice maya. Imagen: DGCS/UNAM.

Cálculo de edad

Una vez que la investigadora tuvo la muestra limpia y la pesó, pudo introducirla al acelerador de partículas junto a estándares de conservación de carbono 14 conocida y unos blancos a los que se les adhirió el carbono 14 durante la preparación de la muestra. Luego fueron inyectados a las fuentes de iones cesio del acelerador que se encargaron de imprimir una carga negativa que permitirá extraer los iones de carbono 14, 13 y 12.

Dentro del acelerador de partículas solamente se inyectaron los iones de carbono al resto del acelerador gracias a un equipo conocido como bouncer. “Cuando este bouncer aplica un potencial, o sea un voltaje de un millón de volts, llegan a una cámara de argón donde interactúan y chocan haciendo que cambien el estado de carga positiva, llegan a unas copas de Faraday donde se detectaron el carbono 12 y el carbono 13, mientras que el carbono 14 va a poder proseguir su camino hasta el detector que está al final del sistema”, aseguró Solís.

Una vez que la investigadora obtuvo los datos del acelerador, calculó la edad del Códice Maya de México a partir de dividir los átomos de carbono 14 entre los átomos de carbono 12 y los átomos de carbono 12 entre los de carbono 13. Pero ese resultado es una edad radiocarbono o teórica que permitió el cálculo a la edad calendario. Para obtener la edad calendario, la investigadora utilizó la curva de calibración más reciente (2013) con valores empleados a nivel internacional que corrige los cambios de carbono 14 atmosférico a lo largo de la historia. “Tuvimos una probabilidad del 68% que el soporte del Códice tiene una rango de edad entre el año 1160 y 1241 antes del presente y con 95% que en un rango entre 1049 y 1263 antes del presente.

Este fechamiento coincide con el que realizó la Universidad de Arizona, institución que indicó un rango entre 1063 y 1291 d. C. a partir de otro folio del Códice. Además también coincidió con la datación realizada por Beta Analytic que lo ubicó entre 1025 y 1160. Después de conocerse los tres fechamientos, el investigador Andrés Christen del Centro de Investigación en Matemáticas (CIMAT) de Guanajuato, hizo un análisis bayesiano en el que combinó las tres fechas y obtuvo una fecha aproximada de entre 1020 y 1210 d. C.

Con la datación del Códice Maya, el Instituto de Física y particularmente el Laboratorio de Espectrometría de Masas con Aceleradores (LEMA) son parte una vez más del análisis de piezas claves para comprender la historia de México.

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