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Germinal Cocho: un sistema complejo

Evelyn C. Ayala
21/oct/2019

Es difícil definir un sistema complejo sin entender sus interacciones. Desde el tráfico en las ciudades hasta el comportamiento de una epidemia, emergen interacciones entre distintos elementos, interacciones que permiten entender el todo de una manera más profunda y más compleja. Por eso, para entender el pensamiento del pionero de los sistemas complejos en México, Germinal Cocho Gil, es preciso entender sus múltiples y diversas interacciones.

Germi, como fue conocido por sus colegas y amigos, contribuyó en el uso de la física, la medicina, las ciencias sociales, y el arte, para explicar aspectos tan disímiles como la evolución de las palabras, el vacío cuántico, los patrones de colores en los animales, o las formas de desarrollar enfermedades como la diabetes o el VIH.

Su complejidad destacaba en la forma en la que pensaba y escribía, en la manera en la que proponía temas de investigación e invitaba a otros a reflexionarlos. Su complejidad también estaba en su espíritu rebelde, crítico y consciente de las necesidades sociales, y en su incansable habilidad para leer, hacer cálculos y proponer investigaciones originales hasta horas antes de su despedida fúnebre.

Aquí, la historia de Germinal Cocho, un sistema complejo.

Memoria Fílmica: Germinal Cocho, un sistema complejo. Realización: Evelyn C. Ayala y Carlos Antonio Sánchez. Coordinación: Aleida Rueda. Unidad de Comunicación 2019.

La persecución que lo trajo hasta México

La historia de Germi comienza en la España agitada por la Guerra Civil. Nació un 1° de mayo de 1933, el Día Internacional de los Trabajadores, durante el inicio del enfrentamiento bélico que le arrebató a su abuelo, a quien fusilaron una noche en su propia casa solo por ser el padre de un republicano.

En medio de la guerra y la persecución, mientras él y su abuela vivían en la zona franquista, sus padres y su hermano, Flavio, permanecieron en un campo de concentración en el sur de Francia hasta que partieron hacia México en 1940. Durante ese tiempo, Germi pasó su infancia en un internado donde las clases y los rezos fortalecieron su memoria y, al mismo tiempo, sus ganas de discutir y no de memorizar. Entretanto, su padre dedicó sus saberes como abogado para tramitar la llegada de más refugiados españoles a México, incluyendo a la familia Cocho que finalmente pudo reunirse en 1945.

Germi decía que siempre le fue bien en la escuela, que le interesaban todas las materias pero en particular aquellas que pertenecen a las ciencias exactas, un gusto que mantuvo y que lo hizo inclinarse por la ingeniería una vez culminada la preparatoria.

Sin embargo, para su familia solo había dos caminos: la abogacía o la medicina. Su maestro de matemáticas también le hizo una recomendación entre risas: “yo creo que como tienes muy fea letra puedes ser un buen médico”. Germi le hizo caso; estudió medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Credencial de Germinal Cocho durante la carrera de medicina.

Ya en la carrera de medicina, Germi se acercó a Ruy Pérez Tamayo, su profesor y director de la Unidad de Patología de la Facultad de Medicina en ese tiempo, quien lo invitó a integrarse a su laboratorio para que desarrollara habilidades quirúrgicas lo antes posible. Las prácticas forenses se llevaban a cabo en el Hospital General de México donde Germi hundía el escalpelo en cada capa de la piel de los cadáveres y analizaba micro y macroscópicamente algunos órganos.

Pérez Tamayo creyó siempre que Germi se distinguía por ser buen estudiante y “por su fuerte y casi endiabladamente cerrado acento español”, decía el renombrado médico. Junto a su compañero Elías Amador, Germi demostró astucia para conocer las enfermedades del ser humano y dedicaba los últimos días de la carrera a una tesis sobre un estudio experimental sobre fisiología renal.

Sin embargo, su interés por las matemáticas nunca menguó. Si no tenía prácticas forenses, estudiaba matemáticas de manera autodidacta. Cuando por fin pudo poner su peculiar letra sobre una receta médica, Germi ya había ingresado a la carrera de física de la UNAM, o como él decía, a estudiar “los eleshtronesh”:

En 1959 se convirtió en físico con una tesis titulada: “El principio de causalidad y los desarrollos en ondas esféricas”, bajo la asesoría de uno de los pioneros de la física mexicana, Marcos Moshinsky. Germi no se detuvo, obtuvo la maestría por la UNAM y en 1962 un doctorado en física teórica de partículas en la Universidad de Princeton, Estados Unidos.

Una mente compleja

Lo cierto es que Germi jamás abandonaría a la UNAM. A su regreso, se integró como profesor en la Facultad de Ciencias, en donde comenzó a construir una comunidad de estudiantes cada vez más grande: Gustavo Martínez Mekler, Pedro y Octavio Miramontes, Carlos Villarreal, y más recientemente Gerardo García Naumis, entre muchos otros.

Todos ellos coinciden en que Germi era una biblioteca andante. No era una persona que se encasillara en un tema. A lo largo de su vida estudió desde la síntesis de proteínas, física estadística, dinámica no lineal aplicada a cuestiones de poblaciones, estructuras disipativas, fluctuaciones del vacío y el efecto Casimir, hasta la física de las altas energías, partículas elementales, teoría cuántica y de campos, biomedicina, la lingüística, juegos y deportes, entre muchos otros.

Germinal Cocho, en su juventud, ya como investigador del Instituto de Física.

“Te animaba a pensar en grande. Germinal Cocho era una leyenda desde que yo era estudiante, era una especie de enciclopedia, sabía de todo y esa gente a mí me encanta”, dice García Naumis quien desde que conoció a Germi un día en la cafetería mantuvo una estrecha amistad con él hasta el último de sus días.

“Nosotros los estudiantes creíamos que podíamos hacer los cálculos con la misma destreza que el viejo profesor, y nos llevábamos una sorpresa porque él podía hacer los cálculos en un día mientras que a nosotros nos llevaba una semana o quizá más”, recuerda Matías Moreno.

Y en efecto, Germi podía establecer problemas entre la física y la medicina con la idea que que todos los detalles importan y conforman un problema, que debía revisar todas las partes que los integraban para poder analizarlo a profundidad. Su mente era tan brillante y tan rápida que le ganaba al habla; quien lo conoció y trabajó junto a él reconoce que era difícil seguirlo en sus explicaciones.

Gracias a esa capacidad, con el tiempo Germi logró, además de continuar con sus diversas líneas de investigación, crear un departamento de sistemas complejos en el Instituto de Física de la UNAM, un seminario de Ciencia y Sociedad en la Facultad de Ciencias de la UNAM, la maestría en ciencias de la complejidad en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM.

La ciencia no es para la guerra

Una de sus tres hijas, Karina Cocho, recuerda que su padre leía novelas policiacas y cómics, y al mismo tiempo estaba enterado de la política del mundo y de la política científica; le gustaba el cine, el béisbol y hablaba profusamente de futbol internacional al tiempo que bebía cerveza y disfrutaba casi cualquier platillo. “Incluso ahora que ya no está, mi mamá y yo nos reímos porque seguimos encontrando dulces escondidos en sus cajones; era muy goloso”, dice entre risas.

¿Sería la España de su infancia o, quizás, el México de su juventud los que sembraron en Germinal el deseo de justicia en todas las causas? Lo cierto es que como maestro, científico y ciudadano, Germi siempre luchó por la UNAM, la educación y la justicia.

Germinal Cocho con su hija, Karina.

Una de las mayores muestras de este compromiso ocurrió en 1973. El físico y premio Nobel de Física, Murray Gell-Mann, famoso por participar en el comité estadounidense Jason para hacer de manera más eficiente el sufrimiento del pueblo vietnamita, estaba por visitar la UNAM. En la entonces Torre de Ciencias se había concentrado una multitud de estudiantes que escucharon atentos el discurso subversivo de Germinal Cocho, que logró, junto con la fuerza de los estudiantes, que Gell-Man nunca pisara la UNAM.

Mientras que el cuerpo aguante

En el más reciente de sus homenajes, tras su cumpleaños número 86, Germi cerró con su clásica despedida: “aquí estaré mientras el cuerpo aguante”. Para infortunio de todos, el cuerpo de Germi aguantó hasta el 9 de mayo de 2019, el día que se conmemora la victoria contra el nazismo en la Segunda Guerra Mundial.

Un día antes se le vio llegar al Instituto de Física y con una nueva idea entre manos. “Germi estaba muy emocionado porque se le había ocurrido un proyecto sobre las propiedades superconductoras del grafeno que le quería proponer a Gerardo García Naumis”, relata Pedro Miramontes, su amigo y colega, con quien compartió sus últimos meses.

Su muerte tomó por sorpresa a todos. Sin ninguna enfermedad aparente, era difícil de creer que el hombre sano, fuerte, lúcido y con tantos planes y proyectos, se fuera tan repentinamente.

Sus amigos y colegas coinciden en que con la partida de Adonis Germinal Cocho Gil se pierde a un ser humano capaz de hacer ciencia de manera diversa, abierta, innovadora y con un compromiso social inquebrantable. Sin embargo, dice Gustavo Martínez, su legado no se pierde. “Con la desaparición de Germinal (…) no desaparece su forma de pensamiento. Su escuela, y las semillas que plantó siguen adelante”. Larga vida a las semillas de Germinal Cocho.

Germinal Cocho en la Biblioteca Juan B. Oyarzábal del Instituto de Física. Foto: Carlos Antonio Sánchez.