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Las acotaciones de la profecía maya

Aleida Rueda
4/sep/2012

Muy probablemente nunca como ahora la cultura maya ha tenido tanto 'éxito'. La teoría de una posible profecía sobre el fin del mundo ha generado polémica y trabajo en exceso para quienes se dedican al tema como María del Carmen Valverde Valdés, investigadora del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIFL) de la UNAM, invitada al IFUNAM para impartir la charla "Idea del tiempo y sistema calendárico entre los mayas" el pasado 22 de agosto, como parte del seminario del Seminario Sotero Prieto.

Para Valverde, este auge de los grupos mayas ha generado montones de preguntas que es preciso responder. Pero ofrecer certezas es complicado cuando se trata de una cultura que habitó una región geográfica tan extensa (desde Tabasco, Yucatán, Quintana Roo y Chiapas hasta El Salvador), durante mucho tiempo (desde el 2000 antes de Cristo hasta la llegada de los españoles) y compuesta por grupos diferentes unidos por una familia lingüística.

Por eso, lo primero que debemos hacer cuando hablamos de "los mayas", dice la investigadora, es cuestionar: "¿mayas de dónde? y ¿mayas de cuándo?".

De todas las evidencias sobre su concepción del tiempo (básicamente, inscripciones incompletas) se desprenden las suposiciones sobre las cuales se ha construido la famosa profecía.

El asunto está muy ligado, dice Valverde, al sistema calendárico de los mayas de la época clásica (del 1500 hasta el 700 después de Cristo) que se basaba por un lado, en el año solar, dividido en 18 meses y 20 días (calendario haab, en maya) y, por otro, en un calendario ritual (o tzolkin, en maya) que no correspondía con un ciclo temporal concreto y es una combinación de 20 signos con 13 numerales, con un total de 260 días.

Una fecha en el calendario maya se expresaba con una combinación de ambos calendarios en lo que se conoce como rueda calendárica. Por ejemplo, el primer día se expresaba como: 1 Imix, 0 Pop. "Y para que vuelvan a coincidir estos dos días, tienen que pasar 73 años rituales o 52 años solares, que es el fuego nuevo", explica Valverde.




Los calendarios haab y tzolkin.

Hasta ahí se trata de la combinación de estos dos ciclos, pero además los mayas de la época clásica del área central manejaban otra serie de ciclos con base 20 que utilizaban para contar mucho tiempo atrás (hasta la creación del universo) y hacia adelante. El sistema se llama ‘cuenta larga’ e inicia con el bactún 1, el 14 de agosto del 3114 a.C., marcado seguramente por algún evento mítico, y termina con el bactún 13, que sería (correlacionándolo con nuestro calendario) el 21 de diciembre del 2012.

El tipo de inscripciones sobre esta cuenta larga dejó de hacerse en el 950 y en el momento de la llegada de los españoles este sistema de cómputo de tiempo ya no se usaba y los mayas sólo contaban periodos de 260 días al combinar el último signo (Ahau) con el número 13 (20 x 13), en el calendario tzolkin.

La profecía surge de una combinación de suposiciones, dice la investigadora: "pensando que la correlación entre nuestro calendario y el maya es correcta, y que los mayas en la época clásica medían igual el tiempo que los mayas del posclásico, y que los mayas del área central pensaban igual que los mayas yucatecos. Si esto es así, en efecto, tenemos la profecía".

Sin embargo, afirma Valverde, "los mayas jamás hablan del fin del mundo". De hecho, hay nueva evidencia maya en la que se hace referencia al bactún 17. De manera que el fin del bactún 13 no significa nada más que el fin de un gran ciclo y el inicio de otra cuenta de bactunes.

Pero hay algo más: "Los mayas ven al tiempo como una serie de cargadores (unidades) que van cargando un número. Así, cuando los cargadores confluyen en un momento, dejan caer su influencia sobre los hombres. Los días tienen sus cargas positivas o negativas pero no hay una predestinación. Hay una estrategia ritual para propiciar buenas cosas o defenderse de malas cosas. Ellos ya sabían cómo funciona el universo y tenían rituales para defenderse. Si era un día pésimo, no salían a sembrar".

De manera que cuando los mayas están escribiendo historia, están escribiendo profecía pero no en el sentido de como se entiende ahora sino como una herramienta para el futuro.

¿Y por qué importa hablar de los mayas en el IFUNAM? Cesar Leonardo Ordoñez, responsable del Seminario Sotero Prieto, responde: por puro conocimiento. "Aunque el seminario está enfocado en recientes descubrimientos sobre el estado sólido, coincidimos en que podemos traer algo que no esté relacionado con ello para darle un campo a investigaciones más recientes en diversos temas y no sólo en física".