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Fraude en la ciencia: dos caras de la moneda

Karina Maldonado Portillo
28/jun/2013

La definición popular de ciencia es que es un conocimiento adquirido de manera sistemática, que sigue firmemente un método y que reproduce experimentos para obtener resultados. Como una herramienta para conocer la verdad acerca de nuestro entorno, se considera que la ciencia es (o busca ser) objetiva.

Por eso, cuando se dice que algo está “científicamente comprobado” solemos pensar en un sello de aprobación por parte de la comunidad científica, útil para que la población apruebe (y confíe) en ello.

Pero la ciencia es una actividad humana supeditada a las acciones de quien la maneje. Por ello, aún lo científicamente comprobado puede resultar ser falso, dijo Raúl Esquivel del Instituto de Física, en una atípica charla titulada “Fraude en la ciencia. Su uso (transistores de plástico), su abuso (calentamiento global)” en el seminario Sotero Prieto del 22 de mayo.

Esquivel habló de algunos casos que pueden servir a la reflexión: un investigador de Bell Labs quien aseguró haber creado un innovador transistor hecho de componentes orgánicos y que permitiría que los productos electrónicos fueran flexibles, resistentes al agua, más ligeros y, por supuesto, más baratos.

Hendrik Schön llegó a ser conocido como el "wonder boy" de la ciencia porque logró publicar hasta 16 artículos en un año en las más prestigiadas revistas científicas sobre su gran transistor de plástico. Justo con ésta y otras aportaciones, Schön estuvo entre los candidatos para obtener el premio Nobel de Física, sin embargo, todo el prestigio que gestó se derrumbó cuando dos investigadores afirmaron que todo lo que supuestamente había logrado era falso.

Datos increíblemente precisos en contra de su trabajo, así como experimentos que no podían reproducir otros laboratorios incrementaron las dudas de los supuestos logros de Schön. Debido a esta presión, Bell Laboratories comenzó una investigación que arrojó como resultado que Hendrik Schön alteró datos en 16 de sus investigaciones. La falta era irreparable y su expulsión fue la única salida que tuvo. Sin embargo, no se sancionó de ninguna manera a los colaboradores. Además, Bell Labs se deslindó de cualquier responsabilidad, a pesar de que se sabe que los superiores de Schön legitimaron de alguna forma la falta de él al no exigirle más comprobaciones.

Los fraudes en la ciencia no sólo se gestan cuando los científicos alteran investigaciones para obtener prestigio y reconocimiento, también cuando el conocimiento científico es desacreditado para favorecer a otros grupos.

Esquivel Sirvent habló del cambio climático y de cómo la ciencia ha propuesto que los residuos de combustibles fósiles es una de las principales causas del efecto invernadero y de que el clima cambie bruscamente. No es un científicos sino miles y un panel intergubernamental que hace estudios para disminuir las incertidumbres con cada vez más precisión.

Sin embargo, dijo Esquivel, varias empresas petroleras vieron un ataque directo a sus patrimonios cuando se les responsabilizó de una de las crisis ambientales más sonadas de los últimos años. Esto se agravó cuando se dio a conocer que el calentamiento global tendría repercusiones en la economía de varios países, pues los cambios del clima estaban acabando con los suelos fértiles para las cosechas y el nivel del mar aumentaba.

Entonces aparecieron revistas que apelaban a la ciencia para demostrar que los combustibles fósiles no son causa del calentamiento global. Incluso se ejerció presión sobre Michael Mann, uno de los principales científicos que apoya la teoría del cambio climático y que, entre otras cosas, lo argumenta con la Gráfica del Palo de Hockey. Ésta registra la temperatura del último milenio en la que es evidente el incremento que ha tenido en los últimos cien años, dato que coincide con movimientos históricos como la Revolución Industrial. Incluso la Universidad en la que Michael Mann trabajaba también fue presionada para despedir al científico; sin embargo, se negó a destituir al investigador. Esquivel afirma que “con la figura del fraude se puede descarrilar una investigación legítima, como la del calentamiento global”.

Estas controversias no suceden sólo a nivel internacional. Hace solo unos meses, un periódico anunció que Mario Soberón y Alejandra Bravo, investigadores del Instituto de Biotecnología, habían manipulado imágenes de sus investigaciones, lo cual dio como resultado una sanción por parte de la UNAM.

Lo mejor en estos y todos los demás casos de fraude (real o supuesto) sería caracterizar la falta, encontrar el responsable y aplicar una sanción. Sin embargo, eso no resulta fácil.

En ambos incidentes internacionales hubo un árbitro externo a las instituciones a las que pertenecían los involucrados. En el caso mexicano, hubo una comisión externa conformada por investigadores nacionales que dio como veredicto que tanto Soberón como Bravo habían retocado de más las imágenes y que eso no era una falta grave como pudo haber sido falsear resultados o conclusiones. Sin embargo, dijo el investigador, la sanción ocurrió antes del veredicto.

Raúl Esquivel considera que en México debería existir un protocolo que se encargue de las controversias científicas. De esta manera, se evitarían los “linchamientos mediáticos” a los que se exponen los investigadores, los cuales casi siempre se convierten en formas de presión para las instituciones que los albergan.

Una de las principales ventajas de este protocolo, o de una instancia especial con este fin, libraría de estas polémicas a las instituciones involucradas pues si bien es cierto que los investigadores representan a una organización, no se puede catalogar a toda una comunidad académica por acciones individuales, explicó Esquivel.

En Estados Unidos existe The Office of Research Integrity, ORI por sus siglas en inglés. Esquivel afirma que “una organización como ésta es necesaria en México, no sólo para los casos en que haya casos de fraude sino también en las situaciones de plagio. Esto evitaría que una noticia publicada en un periódico sea el motivo por el cual se inicie un linchamiento académico en contra de los involucrados y de las instituciones, pues no se puede utilizar la noticia de un periódico para sancionar”.

Antes del periódico, debe primero iniciarse una investigación sujeta a un protocolo, el cual indique qué hacer cuando se presente un caso de esa naturaleza.

Crear una instancia de esta naturaleza no sería tan fácil, reconoce el físico. Para empezar, porque las leyes mexicanas no reconocen a instancias internas para hacerse cargo de estas situaciones. Por otro lado, la idiosincrasia del mexicano, los problemas de verticalidad, la falta de simetría en las acusaciones y el abuso de poder son problemas que hay que resolver.

El fraude seguirá pasando, dice Esquivel, sean escándalos verdaderos o fingidos, pero continuarán a pesar de todo, de ahí la importancia de tener un aparato que se encargue de definir la situación de los involucrados.