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Por decisiones políticas con más ciencia

Arturo Tinoco
16/oct/2013

Las decisiones políticas se basan en temáticas más parecidas a la ciencia ficción que al desarrollo científico del país, fue una de las conclusiones de la ponencia “Magia, Ciencia y Seguridad Nacional” presentada por Luis Mochán Backal el pasado 20 de septiembre en el auditorio Alejandra Jáidar del Instituto de Física de la UNAM.

Es el caso del detector molecular conocido como GT200 que, como dijo Axel de la Macorra, investigador del IFUNAM y presentador de Mochán, puede motivar cualquier historia del realismo mágico por “combinar la ficción con la realidad”.

Esta historia inició en 2007 cuando México como Estados Unidos, Iraq, Tailandia, China, Egipto, entre otros, adquirieron una serie de dispositivos que presumían localizar artículos prohibidos como bombas y anfetaminas.

Tres años después, gracias al ilusionista, escritor y escéptico James Randi quien diseñó y aplicó un conjunto de pruebas que demostraban que estos dispositivos no funcionaban, Luis Mochán se enteró de uno de los más grandes timos realizados por el inglés James McCormick, creador de estos dispositivos.

En México, el artículo llegó en 2007, con el nombre de Detector Molecular GT200 también conocido como la “ouija del diablo” (por tener una antena metálica que parece moverse por sí sola) con un precio aproximado de $280, 000.00 pesos por unidad y cuyo propósito era fortalecer las reservas de la llamada “lucha contra el narco”.

Instituciones gubernamentales como la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA), Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y Petróleos Mexicanos (PEMEX) gastaron un monto aproximado de 343 millones de pesos por un artículo que no había pasado ninguna prueba que verificara su funcionamiento.

Para determinar la composición química y la estructura atómica de cierta sustancias científicamente, suelen utilizarse técnicas espectroscópicas (estas técnicas detectan las frecuencias de las ondas electromagnéticas generadas por las vibraciones y rotaciones de los átomos, luz infrarroja y microondas, respectivamente), sin embargo ningún dispositivo portátil tiene el poder de realizar un análisis a nivel molecular para determinar la composición de cierta sustancia, y, aún menos, determinar la dirección dónde se encuentra.

El GT200 presumía ubicar la posición de anfetaminas al carbonizar una tarjeta donde se impregnaba la esencia física de la sustancia. Según una radiografía, Luis Mochán mostró el interior de un celular: un complejo circuito electrónico. Y luego, el interior del GT200: nada. Estaba hueco por dentro.

Además el dispositivo no cuenta con baterías ya que supuestamente funcionaba con la energía electrostática del cuerpo humano, otra cuestión imposible. “Los fabricantes dicen que el sistema se energiza por la energía electrostática que produce el operador y que la antena se mueve por los campos paramagnéticos y diamagnéticos (dos formas en que se acoplan los momentos magnéticos de las sustancias con respecto a un campo magnético externo) que producen las sustancias. En realidad, la antena se mueve bajo la acción de la gravedad en la dirección que dictan pequeños movimientos de la mano del operador que sujeta el mango del dispositivo. El efecto se llama: efecto ideomotor ”, dijo Luis Mochán a Noticias IFUNAM.

También durante la conferencia dio un práctico consejo para evitar cualquier tipo de abuso por parte de los usuarios de dichos dispositivos: “Sospeche de pequeños objetos que detecten pequeños objetos a grandes distancias, sin una fuente de poder que tenga una punta metálica y que tiene que ser transportada por un manipulador”.

Luis Mochán pudo pronunciarse de manera contundente acerca de la ineficacia del aparato hasta que logró practicar una prueba denominada fase doble ciego, realizada en la Academia Mexicana de Ciencias en 2011. La prueba consistió en ocultar muestras de anfetaminas en cajas y ver si el GT200 lograba identificar en qué caja se encontraba la muestra. El GT200 fracasó la prueba pues sólo 3 casos de 20 resultaron exitosos.

“¿Cómo es posible que un invento de primer mundo no pase las pruebas de un país tercermundista?” cuestionó el ponente.

El mal funcionamiento del GT200 ha provocado múltiples casos de injusticias en el país, en cuyos casos algunos fueron resueltos debido a la gran difusión de la nota pero otros faltan por esclarecerse.

James McCormick fue enjuiciado y encarcelado. Incluso Luis Mochán testificó en contra de Gary Bolton, dueño de la empresa Global Technical (LTD) donde producían el falso detector GT200, y fue condenado a siete años de prisión en Inglaterra en 2012.

Según Luis Mochán lo más preocupante del tema es que vendieron el dispositivo aún sabiendo que no funcionaba y en el caso de su adquisición por instituciones gubernamentales, concluye que el problema se debe a la falta de cultura científica en el país.

“Este es un claro ejemplo de que la ciencia contra la seudociencia tiene una gran implicación social” aseveró.


Conferencia de Luis Mochán acerca del fraude tecnológico GT200. Foto: Arturo Tinoco.