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A los 88 años, fallece el investigador del IF Alfonso Mondragón

Alejandra Fonseca
8/jun/2020

A los 88 años de edad, el 8 de junio de 2020, falleció el investigador Alfonso Mondragón Ballesteros, un hombre preocupado por la educación científica en México; un físico que puso en alto la investigación de la física nuclear, la física matemática y la física de partículas elementales hecha por mexicanos y quien, a lo largo de su vida, hizo honor al lema que su padre le enseñó: “Con la intención no basta, hay que hacer las cosas bien”.

Fue el lunes 14 de marzo de 1932, cuando en Toluca, Estado de México, vio la luz por vez primera Alfonso Mondragón Ballesteros. Su madre, Rebeca Ballesteros Garibay, quien tuvo una educación humanista y era una ávida lectora de novelas y libros de viajes y aventuras, y su padre, Joaquín Mondragón Forgues, médico cirujano egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM, influyeron mucho en su futura vocación.

“El gusto por la lectura y el amor a la ciencia los aprendí en casa”, comentó en su autobiografía académica que forma parte de la recopilación Forjadores de la Ciencia en la UNAM.

“Mi padre, además de ser un excelente médico cirujano, era un hombre inteligente, culto y educado que sentía respeto y admiración por la ciencia”, contaba el físico Alfonso Mondragón. Gracias a la extensa biblioteca que poseían sus padres, con libros de ciencia, filosofía, medicina y literatura, el joven Alfonso tuvo la suerte de crecer en un ambiente familiar de amor a la ciencia y la cultura.

Pero quizás la historia de Alfonso Mondragón habría sido otra, de no haber sido por Manuel Sandoval Vallarta, pionero de la física en México.

Un día, en 1945, mientras Mondragón cursaba sus estudios de bachillerato en el Instituto Científico y Literario Autónomo de Toluca, Sandoval impartió una conferencia acerca de la radiación cósmica y habló del pequeño observatorio recién instalado muy cerca de la cumbre del Nevado de Toluca, que permitiría medir tal radiación.

“La plática de don Manuel me mostró a la investigación científica como algo vivo y actuante y no sólo como una experiencia libresca sobre un acontecer lejano en el tiempo y en el espacio. La charla de don Manuel me convenció de que estudiar Física y llegar a ser un investigador científico era una posibilidad real que estaba a mi alcance”, recordaba el investigador IF.

Al momento de elegir carrera universitaria, él deseaba ser físico, pero las circunstancias económicas para los físicos no eran muy alentadoras ya que las oportunidades laborales eran escasas en esa época. No obstante, aconsejado por su padre y por Carlos Graef, físico y matemático mexicano, conocido de su padre, se inscribió a dos carreras: Matemáticas e Ingeniería Química en la UNAM. Sin embargo, en su mente siempre estuvo la física. "Un año más tarde cambié de carrera, de Matemáticas a Física y abandoné la de Ingeniería Química”, confesó.

Sus primeros años en la Facultad de Ciencias coincidieron con una época de carencias de recursos materiales para la enseñanza y la investigación en Física como ciencia básica: “eran tan pocos y tan escasos que puedo decir, sin exagerar, que eran casi inexistentes”, a pesar de que tanto la Facultad de Ciencias como el Instituto de Física llevaban funcionando cerca de 12 años.

En esa época, el Instituto de Física y su biblioteca se encontraban en un cuarto del primer piso del Palacio de Minería. Mondragón y sus compañeros se reunían con los profesores en un cuarto de la planta baja y podían además usar un pequeño cuarto en la azotea, que había sido el cuarto de escobas del personal de limpieza.

“Aun así, la actividad intelectual era intensa”, dice. En 1953, el Instituto de Física, que se había fundado en 1938, se mudó al sur de la ciudad, Ciudad Universitaria, donde Mondragón iniciaría su exitosa trayectoria académica.

Aunque le sobraba motivación para desarrollarse como físico, en su formación tuvo además la fortuna de conocer a grandes físicos de la época, que sentaron las bases de la Física en México. Uno de ellos fue Marcos Moshinsky, quien en aquel entonces había vuelto de hacer su doctorado en la Universidad de Princeton; “él nos inspiraba y animaba a trabajar muy duro”. También por un evento fortuito tuvo el privilegio de conocer y tomar “dos tazas de café exprés” con Richard Feynman, físico norteamericano ganador del premio Nobel en 1965, quien fuera alumno de Manuel Sandoval y amigo de Carlos Graef.

En 1955, después de trabajar en una tesis titulada “Dispersión elástica de neutrones por protones en el caso de fuerzas tensoriales dependientes de la velocidad”, Mondragón presentó sus primeras contribuciones a la física ante la Asamblea Conjunta de las Sociedades Mexicana de Física y The American Physical Society. Ahí se leyeron 16 contribuciones de autores mexicanos, “entre las cuales estaba mi primer trabajo de investigación que contenía los resultados de mi tesis de licenciatura, que había escrito bajo la supervisión y ayuda de Marcos Moshinsky”.

Dos años más tarde, Alfonso Mondragón fue a la Universidad de Birmingham, en Inglaterra, para estudiar el doctorado en ciencias con especialidad en física matemática bajo la dirección del prestigioso Rudolf Peierls, y obtuvo su título con una disertación sobre “The optical model of nuclear reactions with Pauli Principle”.

A su regreso, a principios de 1961, se reincorporó al IF, pues desde 1954, con tan solo 22 años de edad, ya era uno de los 10 investigadores de tiempo completo en el Instituto. “Entré a la UNAM y no volví a salir de ella. Solo me falta el número de inventario. Yo soy de aquí”, dijo, bromeando, en una entrevista.

Ser científico representaba para él no solo hacer investigación sino también una responsabilidad y compromiso con los físicos en formación. “Siempre he considerado a la enseñanza como una de mis responsabilidades principales. La otra es la investigación científica. Nada encuentro tan satisfactorio y agradable como hacer mi propia investigación. Igualmente, creo que enseñar es la obligación primaria de un profesor en la Universidad”, aseveró.

Comenzó muy joven su carrera académica, en 1954. Su intensa actividad docente respaldaría la expansión de la matrícula en física. Impartió cursos junto con Juan de Oyarzábal y Juan Manuel Lozano, físicos mexicanos, en la Facultad de Ciencias, UNAM; participó como estudiante y editor de la Primera Escuela de Verano Mexicana de Física, organizada por Moshinsky en 1956. Colaboró activamente en los seminarios de Física Nuclear y Física Teórica en el Instituto de Física.

Siempre consciente de la importante interacción entre la física teórica y la experimental, apoyó fuertemente al grupo experimental de física nuclear de Marcos Mazari y promovió activamente las colaboraciones teórico-experimentales, lo cual derivó, entre otras cosas, en la creación de dos patentes.

Por si fuera poco, Mondragón tuvo un extenso y destacado interés en medir y mejorar la difusión de la ciencia en la sociedad. Ejemplo de ello fue su artículo “La ciencia en la cultura: la producción científica en México”, que habla acerca del papel de la ciencia en la cultura mexicana, que fue publicado en la Revista Elementos, Ciencia y Cultura de la Universidad Autónoma de Puebla.

A lo largo de su vida docente, Mondragón utilizó sus dotes literarias para escribir textos que facilitaran el aprendizaje a los estudiantes de física. Escribió el capítulo La física nuclear en el libro La física contemporánea de la colección “Las ciencias en el siglo XX”, editada por la Dirección General de Difusión Cultural y la Unidad Editorial de la Coordinación de la Investigación Científica. Este libro presenta de forma accesible los diversos temas que aborda la física contemporánea como la estructura de los átomos y moléculas, la física nuclear, los hoyos negros, entre otros.

Como investigador tuvo aportaciones muy reconocidas, gracias a la combinación de su talento como físico matemático y su habilidad para aplicarlo a diferentes áreas de la física. Un ejemplo importante es su trabajo sobre los estados excitados de paridad negativa en el espectro del núcleo de 6Li, en el que Mondragón obtuvo los valores numéricos de los parámetros que los describen y, por la calidad en su obtención, “pasaron de ser meras referencias bibliográficas en las Tablas Nucleares viejas, a convertirse en la categoría de valores oficiales de referencia en las nuevas Tablas Nucleares”, un hecho que sin duda le produjo una gran satisfacción.

La colaboración que tuvo con Germinal Cocho, acerca del límite no relativista de la representación de Regge-Joos, fue uno de los primeros trabajos sobre física de partículas hecho en México.

Igualmente exitosos fueron sus trabajos en química nuclear, reacciones químicas posteriores a la irradiación de Telurio con neutrones, la física del depósito de energía de partículas cargadas en vidrio y su aprovechamiento, ya que contribuyeron a la fabricación de detectores de partículas alfa. Su trabajo en la física de la degeneración de resonancias, las fases topológicas y la existencia de polos dobles de la matriz S le valieron el reconocimiento internacional y son ya referencia en libros de texto.

Posteriormente continuó con éxito la línea de investigación de altas energías, particularmente en el área de física del sabor, e impulsó fuertemente la creación del que es hoy el Grupo de Altas Energías y Cosmología de nuestro Instituto.

Como muestra de su compromiso con la sociedad, Mondragón fue miembro de la American Physical Society, la American Association for the Advancement of Science, la Academia Mexicana de Ciencias, y la Sociedad Mexicana de Física, asociaciones a través de las cuales siempre buscó contribuir en la investigación en distintas áreas de la física, así como contribuir en el aprendizaje y la enseñanza de la física a nivel medio superior y superior, entre otras cosas.

Entre las distinciones que recibió, destacan la medalla Gabino Barreda, el Premio Ignacio Manuel Altamirano (1957), el Premio al Mérito Universitario (1979 y 1989), la medalla José Antonio Alzate (1983), la Medalla de la División de Partículas y Campos-SMF (2001), la Presea Forjadores de la Ciencia en la UNAM (2003), el Premio a la Investigación Científica de la Sociedad Mexicana de Física en el 2011, entre otros. Además, fue Investigador Emérito del Sistema Nacional de Investigadores.

A lo largo de su vida, Alfonso Mondragón siempre mostró que es posible encontrar el equilibrio entre la docencia y la investigación, transformando así a estudiantes en maestros e investigadores. Siempre tuvo la convicción de que “el desarrollo cultural de la sociedad está íntimamente asociado a la capacidad de producir conocimiento, organizarlo, conservarlo, acumularlo y transmitirlo de una generación a otra”.

El Instituto de Física, sus colegas, amigos y alumnos, lo recordaremos siempre como el físico que jamás se quedó con la intención de hacer las cosas, sino que las hizo y las hizo bien.



Alfonso Mondragón Ballesteros. Imagen: Archivo IFUNAM.