Evelyn C. Ayala02/sep/2025
En 2023, en la Unidad de Oncología y Radioterapia del Centenario Hospital Miguel Hidalgo del estado de Aguascalientes, México, Víctor Manuel López Guadalupe recibió una notificación: fue elegido por la UNAM para recibir la Medalla Alfonso Caso, entregada “al graduado más distinguido de cada especialización, maestría o doctorado”, de acuerdo con el Reglamento del Reconocimiento el Mérito Universitario.
Hoy 2 de septiembre de 2025, y después de los estragos de la pandemia, Víctor López recibió de la mano la secretaria general de nuestra Gran Universidad, la doctora Patricia Dávila, la medalla de plata Alfonso Caso en reconocimiento a su trabajo de tesis de la maestría en Ciencias (Física Médica), “Energía promedio y dosis de las componentes de radiación secundaria de un LINAC medidas con dosímetros termoluminiscentes TLD-300 y TLD-100”, asesorado principalmente por la investigadora del Instituto de Física de la UNAM, María Ester Brandan.
Como parte del Comité tutor, formaron parte: María Isabel Gamboa De Buen, del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM; y Alejandro Rodríguez Laguna y María Adela Poitevin Chacón, de la Unidad de Radioterapia del Hospital Médica Sur.
Publicada en enero de 2020, la tesis de Víctor López explora la medición de la energía y la dosis de la radiación aplicada a pacientes con diagnóstico de cáncer. “Este trabajo sigue teniendo trascendencia porque a partir de este trabajo se publicó un artículo en la revista Medical Physics que es una revista de las más importantes en el área de física médica. Desde entonces esta publicación actualmente ha tenido citas”, dice Víctor López.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cáncer es la principal causa de muerte en todo el mundo y que “en 2020 se atribuyeron a esta enfermedad casi 10 millones de defunciones”. Para atender esta enfermedad se requieren uno o varios tipos de tratamientos que con frecuencia incluyen a la radioterapia que utiliza la radiación de alta energía (ionizante) para reducir el tamaño de los tumores. Su efectividad depende de la dosis empleada de forma personalizada a cada paciente y de acuerdo con las características del tumor y el cáncer que se trate.
Explica Víctor López en su tesis que la radioterapia “es una componente fundamental de los protocolos de tratamiento contra el cáncer, ya que aproximadamente el 50% de los pacientes que padecen esta enfermedad reciben este tipo de terapia, ya sea como tratamiento principal o adyuvante, con un objetivo curativo o paliativo”.
Aunque el cáncer es considerado como una enfermedad local que luego puede extenderse a otras partes del cuerpo humano, es necesario controlar la dosis de radiación que se imparte durante la radioterapia, tanto al tumor como aquella que llega de forma incidental a otros tejidos sanos.
“Puede ser que el volumen de interés sea, por ejemplo, una región de un cáncer al nivel de la pelvis, pero cerca de ahí están involucrados la vejiga y el recto, por ejemplo, entonces la importancia de este trabajo es determinar con mayor exactitud y precisión la dosis que está llegando a estos órganos sanos”, dice López.
Sucede que cuando un paciente es sometido a un tratamiento de radioterapia, la dosis está dirigida a la zona afectada por el tumor (campo primario del tratamiento), pero otra parte llega a las zonas cercanas a la lesión cancerosa (campo secundario), ya que la radiación no es capaz de distinguir entre el tejido enfermo y el sano.
“La dosis es fácil de medir en el campo primario del tratamiento, es decir, a donde va dirigido el haz (donde se imparte y se concentra el campo de radiación), pero hay dosis de la radiación secundaria que está fuera de la región de tratamiento. O sea la exactitud, y sobre todo el sistema de planeación, radica en la radiación que recibe el volumen blanco (el tumor), pero alrededor de este volumen blanco hay tejido sano que está recibiendo dosis también, pero que no es del campo primario sino del secundario”, explica López.
De ahí que como estudiante de la maestría en Ciencias (Física Médica), se haya interesado en averiguar cuánta cantidad de radiación imparte el campo secundario. Para lograrlo utilizó un acelerador lineal clínico conocido como LINAC con y sin filtro, y lo puso a prueba con ayuda de maniquíes de plástico (estructuras que simulan el cuerpo humano) que dentro de sí contienen dosímetros termoluminiscentes que absorben la radiación y se encienden cuando se calientan en función de la cantidad de energía que reciben.
Los dos tipos de dosímetros (TLD-300 y TLD-100) se colocaron estratégicamente en varios puntos para detectar el campo de radiación. “Reciben la dosis de radiación ionizante y se leen en un lector que los calienta y que emite luz, esa luz es proporcional a la dosis que recibió y, en este caso, también a la energía con la cual se irradió”, explicó López. Luego de estudiar el comportamiento de los dosímetros en presencia de la radiación, Víctor realizó pruebas de calibración y comparó los resultados con el parámetro internacional llamado HLTR (High to Low Temperature Ratio).
Víctor López encontró resultados clave durante su investigación: 1) que las fuentes de radiación secundaria provienen de la fuga que se encuentra en el blindaje del cabezal del LINAC con energías de 500 keV, de los colimadores (componentes del haz que emite la energía) con energías iguales o superiores a 1250 keV, y de la dispersión del maniquí o del paciente, con energías de entre 300 y 400 keV.
Además comprobó, a través de simulaciones teóricas (Montecarlo) y de manera experimental, que la dosis de radiación del campo secundario disminuye a medida que aumenta la distancia entre el haz y el paciente. Asimismo, se encontró que cerca del tumor, la radiación dispersada por el paciente es la que más contribuye al campo secundario, mientras que los colimadores son los que más contribuyen cuando se trata de la superficie del tejido.
“Las simulaciones Montecarlo son, como su nombre lo indica, simulaciones en programas que se corren en la computadora, en un software, y hace cálculos para determinar la energía del campo de radiación secundaria. Nosotros al comparar nuestras medidas con las simulaciones Montecarlo, vemos que hay concordancias que son significativas, es decir, que los niveles son casi iguales entonces eso nos habla de que las tres medidas son consistentes con lo que se esperaba teóricamente”, asegura López.
La física médica es una ciencia necesaria en los hospitales y clínicas de atención oncológica para que los equipos puedan proporcionar la dosis adecuada y mejor localizada para cada paciente. Actualmente Víctor López funge como Jefe de Física Médica y Encargado de Seguridad Radiológica en la Unidad de Oncología y Radioterapia del Centenario Hospital Miguel Hidalgo, donde su tarea es, precisamente, vigilar y calibrar los equipos que emiten radiación en diversos tipos de radioterapia.
“A ellos (familiares) les llenó de orgullo el enterarse que todo esfuerzo que realicé y se ve reflejado en esta premiación, en este galardón, porque día a día ellos veían cómo trabajaba de manera ardua durante toda la maestría para poder llegar a plasmar estos resultados de la investigación”, cuenta López. Hoy, Víctor López no solo lleva a cabo tareas de forma individual sino también colaborativa y su trabajo permite contar con tratamientos cada vez con mayor calidad.