01/dic/2025
Este miércoles 26 de noviembre, el Laboratorio Nacional de Ciencias para la Investigación y la Conservación del Patrimonio Cultural (LANCIC) fue reconocido con el Premio Paul Coremans/Laura Mora 2025 en conservación de bienes inmuebles, otorgado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), por el trabajo grupal “Conservación, restauración e investigación del Códice de Tlatelolco”.
Los integrantes laureados son: Marie Vander Meeren, Laura Olivia Ibarra Carmona, Ana Rosa Toca Ochoa, Ana Dalila Terrazas Santillán, Patricia De La Garza Cabrera, Alejandra Quintanar Isaías, Ana Teresa Jaramillo Pérez, Alejandro Mitrani Viggiano, Edgar Casanova González, José Luis Ruvalcaba Sil, Gilberto García Quintana, Irais Velasco Figueroa, y Tesiu Rosas Xelhuantzi.
Este premio rememora la trayectoria de dos especialistas en el campo de la conservación. De acuerdo con la página oficial del INAH, Paul Coremans nació en Bélgica en 1908, estudió en la Facultad de Ciencias de la Universidad Libre de Bruselas y estudió el doctorado en química en química analítica.
“Paul Coremans tuvo un papel central en la creación de instituciones internacionales en materia de conservación tales como: el Instituto Internacional para la Conservación de Obras Históricas y Artísticas (IIC) en 1950; también contribuyó a la creación, por iniciativa de la UNESCO, del Centro Internacional para el Estudio de la Preservación y Restauración de Bienes Culturales fundado en 1956. Fue miembro del Consejo Internacional de Museos (ICOM) y desde 1957 encabezó el Real Instituto para el Estudio y Conservación del Patrimonio Artístico de Bélgica”. se lee.
Mientras que Laura Mora fue restauradora italiana, pionera en el campo de la conservación de la pintura mural y pintura de caballete. “Implementó metodologías, técnicas y conocimientos que compartió en cursos, que fueron fundamentales para el desarrollo de las actividades de intervención realizadas en nuestro país. Como parte de la misión establecida por el ICCROM, visitó e inspeccionó distintos sitios en el país, como Bonampak y el convento de Epazoyucan, Hidalgo, en compañía de Manuel del Castillo Negrete y los restauradores Sergio Montero, Jaime Cama y Paolo Mora”, relata el INAH.
Además de la entrega del Premio Paul Coremans/Maura Mora, se entregó el Premio Alfonso Caso/Beatriz Braniff (arqueología y paleontología), el Premio Javier Romero Molina/Johanna Faulhaber (antropología física), el Premio Fray Bernardino de Sahagún/Margarita Nolasco (etnología y antropología social), el Premio Francisco Javier Clavijero/Raquel Padilla Ramos (historia y etnohistoria), el Premio Wigberto Jiménez Moreno/María Teresa Fernández (lingüística), el Premio Francisco de la Maza/Sonia Lobardo (conservación del patrimonio arquitectónico y urbanístico), y el Premio Miguel Covarrubias/Beatriz Barba Ahuatzin.
De acuerdo con el INAH, estos premios se han entregado a lo largo de cuatro décadas, con los que se han reconocido a los mejores trabajos de investigación, así como las mejores tesis de licenciatura, maestría y doctorado sobre el patrimonio cultural de México.
La ceremonia de entrega se llevó a cabo en el Museo Nacional de Antropología (MNA) y fue presidida por: Joel Omar Vázquez Herrera, director general del INAH; José Luis Perea González, secretario técnico del INAH; Antonio Saborit García Peña, director del MNA, Margarita Hope Ponce, profesora e investigadora de la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México (EAHNM) y representante de los jurados de cada premio; y Vera Tiesler, investigadora de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) en representación de los galardonados.
Según informó Perea, en esta edición de los Premios INAH hubo 281 aspirantes provenientes de diversas instituciones nacionales y extranjeras. “Detrás de esta cifra se encuentra la vitalidad de la comunidad académica mexicana y el prestigio internacional que los Premios INAH han alcanzado con el tiempo; es especialmente significativo que este año contamos con 58 galardonados, de los cuales 33 son mujeres y 25 son hombres. Este resultado da cuenta de la creciente participación y liderazgo de las mujeres en todos los ámbitos académicos, reafirmando nuestro compromiso con la inclusión, la equidad y el reconocimiento al mérito de todas y todos”, aseguró.
Al respecto, Hope reconoció que a los nombres de cada premio se agregara el nombre de una mujer. “De esta manera, se marca también nuestra afiliación con las precursoras investigadoras protagonistas de la consolidación de nuestras especialidades; en el marco del 25N que fue el día de ayer, es más relevante que nunca. En este contexto, vale la pena resaltar la presencia cada vez más numerosa de mujeres en estos premios, de un total de 58 otorgados a investigadoras e investigadores de diferentes instituciones, nacionales e internacionales, 33 fueron para mujeres. Por lo que se refiere a los jurados, casi el 64% de quienes los conformamos, somos mujeres, 113 de un total de 178 jurados”, remarcó.
En representación de las personas galardonadas, Tiesler reflexionó también sobre la presencia de las mujeres en estos campos de investigación. “Como mujer académica con trasfondo familiar conservador, con roles de género asignados estrictamente todavía, me siento muy complacida.
Es necesario visibilizar a las profesionistas del pasado, en lo personal, y estoy hablando de mi generación, 80s 90s del siglo pasado, recuerdo bien los calificativos recibidos como joven apasionada por la arqueología, como mujer chambeadora, inteligente, desbalanceada, más los reclamos de fracaso en el hogar y peor en la maternidad, reclamo, por cierto, que nunca pasó por la boca de mi hijo. Siento tristeza, sobre todo, por no haber podido contar con más maestras verdaderamente mentoras durante mi formación…”, expresó.
Por su parte, Vázquez Herrera mencionó que estos premios son un reconocimiento que entrega el estado mexicano a través del INAH, y subrayó la importancia de incluir el nombre de destacadas investigadoras en los premios.
“Tan solo por mencionar un dato, el 57% de las galardonadas son mujeres en esta edición número 40 de los Premios INAH. Sin dejar de destacar que esto no es algo nuevo para la vida académica de nuestro país pero tampoco es algo nuevo para la vida académica del INAH, por supuesto que tenemos 86 años donde en las filas del INAH hemos tenido destacadísimas investigadoras y académicas que han dejado su vida en la historia, en la antropología, en la antropología física, en etnohistoria, en la etnografía y en muchas otras disciplinas que, por supuesto, nos permiten cuidar y proteger día con día el patrimonio cultural de este país llamado México”, aseguró.
El Laboratorio Nacional de Ciencias para la Investigación y la Conservación del Patrimonio Cultural (LANCIC) recientemente cumplió 10 años de servicio al patrimonio cultural. Se trata de un laboratorio que cuenta con una red de investigación ubicada en cinco sedes en el país: el Instituto de Física (IF), el Instituto de Química (IQ), el Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) de la UNAM, el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ) y el Centro de Investigaciones en Corrosión de la Universidad Autónoma de Campeche (CICORR-UACAM).
Además, ha desarrollado una metodología integral que incluye técnicas de imagen, análisis no invasivo en acervos y sitios arqueológicos e históricos, análisis microscópico y químico, y el estudio de los efectos ambientales en las alteraciones de los materiales. Para ser galardonado con el Premio Paul Coremans/Laura Mora 2025, el LANCIC del Instituto de Física analizó exhaustivamente de forma no invasiva y no destructiva con equipos portátiles el Códice de Tlatelolco, un manuscrito pictórico escrito en 1562 en Santiago Tlatelolco que a lo largo de sus nueve secciones narra hechos históricos que van del año 1542 a 1560.
Actualmente, es parte de la colección de la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH) del INAH, y fue estudiado in situ (en el sitio) por el LANCIC del Instituto de Física en colaboración con Marie Vander Meeren, conservadora del Laboratorio de Conservación de Documentos Gráficos de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH, con el objetivo de determinar los materiales pictóricos utilizados, su preparación, así como la composición y el contraste de las tintas empleadas y los cambios que sufrió el documento a lo largo del tiempo, como repintes.
El equipo utilizó una metodología conformada por seis técnicas no destructivas ni invasivas, lo que quiere decir que no hubo toma de muestras sino que gracias al uso de la luz se obtuvo la información necesaria directamente de la superficie del manuscrito mediante las técnicas: imagen infrarroja de falso color, imagen de fluorescencia ultravioleta, imagen hiperespectral infrarroja, microscopía óptica, espectroscopía de fluorescencia de rayos X (XRF), y espectroscopía de reflectancia por fibra óptica (FORS).
Según reporta el LANCIC, con la imagen infrarroja de falso color se identificaron áreas de composición similar y la identificación preliminar de los materiales presentes incluyendo pigmentos y modificaciones, y con la imagen de fluorescencia ultravioleta se observó la distribución de los materiales para identificar alteraciones de la superficie y recuperar la lectura de anotaciones con tintas ferrogálicas; esta información es relevante para el estudio paleográfico.
Mientras que la imagen hiperespectral infrarroja permitió obtener información sobre las correcciones realizadas al manuscrito a lo largo de su historia y áreas con deterioro, la microscopía óptica permitió llevar a cabo la primera descripción de las características de los pigmentos utilizados. Por otra parte, la espectroscopía de fluorescencia de rayos X identificó pigmentos inorgánicos de cobre y minio, y la espectroscopía de reflectancia por fibra óptica ayudó a identificar los componentes de los pigmentos y tintes, así como la presencia de azul maya y rojo de cochinilla, entre otros. Se confirmó que el códice fue dibujado con tinta de carbón sobre una base constituida con yeso, con anotaciones de tintas ferrogálicas que corresponden a diferentes momentos en el tiempo, entre el siglo XVI y el siglo XVII. Estas informaciones fueron relevantes para los procesos de restauración del documento, así como para su relectura y las reinterpretaciones históricas.
Recientemente el LANCIC cumplió 10 años de servicio ininterrumpido dedicado al estudio y cuidado del patrimonio cultural del país. El Premio Paul Coremans/Laura Mora 2025 refrenda la importancia de contar con técnicas especializadas in situ y no invasivas para la investigación y conservación de la historia y de la herencia cultural.