Evelyn C. Ayala18/feb/2026
Gracias al proyecto internacional NAUM (Muografía para usos Arqueológicos No Invasiva) donde ocurre el trabajo colaborativo del Instituto de Física (IF) y de la Chicago State University (CSU), en enero pasado se instaló en la pirámide “El Castillo”, de Chichén Itzá, Yucatán, México, el detector de muones con el que se espera obtener una especie de radiografía, con el propósito de investigar la posible existencia de estructuras internas nunca antes vistas.
Se trata de un detector de partículas construido, parte en Estados Unidos y parte en México, y que es controlado a distancia desde la ciudad de Chicago. El grupo de investigación a cargo del proyecto está liderado por Edmundo García, investigador de la CSU, y cuenta con el apoyo de Arturo Menchaca como líder del grupo del IF. Otras instituciones norteamericanas que también participan son: la Dominican University, The University of Virginia, y el Laboratorio Nacional Fermi (Fermilab). NAUM también cuenta con la participación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Fue durante 2024 y 2025 que los miembros de NAUM dedicaron sus esfuerzos a planificar, construir y mejorar el detector que utiliza muones, “partículas elementales similares a los electrones pero más pesadas, mismas que se producen en la vecindad terrestre cuando la radiación cósmica proveniente del Universo interactúa con partículas de la atmósfera”, según refirió Menchaca. Cientos de miles de muones atravesarán la pirámide hasta llegar al detector de NAUM y entrarán en contacto con el material centellador donde cada muon producirá una señal luminosa que se podrá analizar computacionalmente.
Para lograr captar la mayor cantidad de muones en un solo espacio, los investigadores construyeron el detector con tres placas centelladoras que se pueden direccionar según la inclinación de la estructura que se requiera analizar. En este caso, la pirámide mide poco más de 55 metros de lado y 30 metros de alto. Dependiendo de la densidad del objeto que los muones intenten atravesar antes de llegar hasta el detector, se sabrá si hay huecos o solo material denso dentro de la pirámide.
Luego de haber construido este detector móvil, los investigadores decidieron ponerlo a prueba en el Instituto de Física, donde buscaron visualizar la imagen del Acelerador Van de Graaff de 5.5 MeV. “Lo notable es que esto se hizo midiendo desde fuera de los muros la enorme torre de concreto que alberga al acelerador”, dijo Menchaca. En esta prueba, para proteger el detector de la intemperie, el grupo construyó un contenedor metálico, al interior del cual se colocó el detector dirigido hacia una de las paredes externas de la torre.
Una vez satisfechos con los resultados, el detector se trasladó por carretera desde la Ciudad de México hasta Yucatán. Así, después de 18 horas de viaje y casi 1,500 kilómetros recorridos, el 10 de diciembre pasado el detector llegó a la zona arqueológica de Chichén Itzá.
“Una vez asegurándose que el detector llegó en buen estado aparente, se armó, se probó y funcionó. Luego de esa prueba, se dejó montado en la casita de metal que quedó ubicada en el sitio arqueológico, pero aún lejos de la pirámide. “Ahí se quedó tomando datos de cielo abierto, es decir, sin obstáculos, entre diciembre 2025 y enero de 2026. La última semana de enero se desarmó el detector pieza por pieza para luego introducir sus partes en un túnel, denominado “norte”, de El Castillo. Tratándose de una zona pública, solo pudimos trabajar de 5 de la tarde a 8 de la mañana”, contó Menchaca.
Finalmente el detector fue armado en el interior del túnel tan estrecho que colocarlo fue un reto, y fue orientado para la búsqueda de posibles cámaras ocultas relacionadas con la cultura maya que los arqueólogos suponen que podrían existir.
“Empezamos a tomar datos de la pirámide, iniciando con pruebas de transmisión de las señales, porque el experimento se controla desde Chicago a través de ethernet; hay una antena afuera de la pirámide que permite el acceso remoto a la computadora y, así, empezar corridas (datos ordenados cronológicamente) para iniciar la toma de datos”, explica el investigador.
Como si se tratara de una muñeca rusa, esta pirámide posee en su interior una subestructura, o sea una pirámide similar pero de menor tamaño, hecho que fue descubierto mediante excavaciones hace unos 90 años, de acuerdo con el investigador. Desde entonces, indica Menchaca, existe la hipótesis basada en evidencia parcial, que debajo de la subestructura hay una tercera pirámide más pequeña.
Será en los próximos meses que la acumulación de datos registrados por el detector podrá confirmar o negar esta hipótesis, sin la necesidad de derrumbar la historia arquitectónica de las culturas precolombinas. De ahí la importancia de contar con el registro de imágenes no invasivo.