Evelyn C. Ayala28/septiembre/2026
Luego de un proceso de transición iniciado en 2020 para reestructurar el espacio que albergó por décadas un acelerador de iones de baja energía, y tras el comienzo de su construcción en 2023, el Instituto de Física (IF) de la UNAM inauguró este 22 de septiembre los Laboratorios de Óptica y Espectroscopía, un recinto destinado al desarrollo de investigación de vanguardia acorde con las necesidades tecnológicas actuales.
Fue Mercedes Rodríguez Villafuerte, directora de la entidad, quien cortó el listón inaugural, en compañía del Dr. Javier de la Fuente Hernández, Secretario General de la UNAM; José Gonzalo Guerrero Zepeda, Director General de Obras y Conservación (DGOC) de la UNAM; Mario Alberto Ugalde Salas, Director de Conservación de la DGOC; Rocío Jáuregui Renaud, investigadora del IF, y miembros de la comunidad académica, estudiantil y administrativa de la entidad.
De acuerdo con Mercedes Rodríguez, el proyecto contó con un firme respaldo financiero y logístico por parte de la UNAM. Hoy en día, el edificio dispone de dos pisos de 250 metros cuadrados cada uno, un montacargas, equipamiento altamente especializado y “una infraestructura de cimentación que permite realizar estudios de óptica en los que se minimizan las vibraciones”.
Diseñada para albergar investigación en física de alto nivel y apoyar la formación académica de estudiantes de licenciatura y posgrado, esta infraestructura integra ocho laboratorios especializados. Con ello, se busca consolidar a la comunidad científica y promover proyectos interdisciplinarios en áreas clave como el desarrollo de materiales, sensores y tecnologías cuánticas.
Entre los espacios que integran las nuevas instalaciones, está el Laboratorio de Magneto-Óptica, a cargo de la investigadora Rebeca Díaz Pardo, dedicado a estudios de espintrónica, paredes de dominios magnéticos, y la dinámica de magnetización, un campo clave para el futuro del almacenamiento y procesamiento de datos. Actualmente hay cuatro estudiantes activos en estas líneas de investigación.
“Los materiales magnéticos almacenan buena parte de la información del mundo: datos en discos de computadora, vídeo, tarjetas bancarias, etc. Todos estos diferentes dispositivos conservan información como patrones invisibles de los polos Norte y Sur. A finales de los ochenta, una nueva vía a la integración de dispositivos magnéticos en tecnología informática comenzó con el descubrimiento de la magnetorresistencia gigante (GMR). Estos descubrimientos fueron hitos en el surgimiento de los dispositivos espintrónicos”, explica Díaz.
Frente a los límites físicos de la electrónica tradicional, la espintrónica propone aprovechar no solo la carga eléctrica del electrón, sino también su espín para transportar y procesar información de forma más rápida, eficiente y con menor consumo energético. Asimismo, la frontera entre la física fundamental y las tecnologías emergentes converge en el Laboratorio de Sensores Cuánticos e Inteligencia Artificial (AQuI), a cargo de la investigadora Silvana Palacios Álvarez, y que cuenta con la participación de cuatro estudiantes de física, matemáticas e ingenierías.
“En AQuI buscamos desarrollar sensores cuánticos (como magnetómetros y gravímetros) capaces de operar fuera del entorno controlado del laboratorio. Estos dispositivos tienen el potencial de detectar señales que hoy permanecen inaccesibles con la tecnología convencional, abriendo aplicaciones que van desde el estudio de señales biomagnéticas para el diagnóstico y seguimiento de diversas condiciones neurológicas, hasta la detección temprana de señales sísmicas”, explica Palacios.
A este esfuerzo se suma el Laboratorio Central de Espectroscopía, con instalaciones dedicadas a la caracterización y análisis integral de materiales a través de técnicas de alta sensibilidad. En el laboratorio colaboran Carolina Bohórquez, Luis Fernando Garrido y Samuel Tehuacanero, quien se desempeña como Coordinador Operacional.
“Las técnicas de Raman, Espectrometría Infrarroja con Transformada de Fourier (FTIR) y Espectroscopía UV-Vis son complementarias y permiten estudiar una amplia diversidad de muestras. Entre sus aplicaciones se encuentran el análisis de materiales, compuestos orgánicos, muestras biológicas, materiales nanoestructurados y diversas sustancias de interés científico y tecnológico. Estas técnicas permiten obtener una especie de “huella digital” de los materiales, proporcionando información sobre su composición química, estructura y propiedades”, dijo Tehuacanero.
Este laboratorio cuenta con la capacidad técnica para ofrecer servicios especializados a industrias como la farmacéutica, de pinturas, recubrimientos y polímeros. Mediante el análisis de las propiedades y el comportamiento de los materiales, contribuye de manera directa a su control de calidad.
Finalmente, en el Laboratorio de Semiconductores de Baja Dimensionalidad, participan seis estudiantes de licenciatura y cinco de maestría, bajo la supervisión del investigador Hugo Alberto Lara García. Este espacio se centra en el estudio del control de las propiedades ópticas y electrónicas, así como en la interacción entre la luz y la materia. “Nuestra línea de investigación busca comprender y controlar las propiedades ópticas y electrónicas de semiconductores de baja dimensionalidad, como las perovskitas y los materiales bidimensionales. Al modificar sus dimensiones y el grado de confinamiento (cuánta energía hay en un espacio), es posible sintonizar sus propiedades y su interacción con la luz”, asegura Lara. Desarrollan también, indica el investigador, estructuras fotónicas y cavidades ópticas para controlar la interacción luz–materia.
En un contexto global donde el avance tecnológico depende cada vez más de la escala nanométrica, de los principios de la mecánica cuántica y del uso de materiales emergentes, disponer de una infraestructura propia y de última generación permite a la Universidad participar activamente en la frontera del conocimiento y formar a nuevas generaciones en las necesidades científicas y tecnológicas del presente y el futuro.